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LA SINGULARIDAD HISTÓRICA

Carl Sagan: «Mira ese punto… eso es nuestro hogar»

Reconocer nuestro tamaño en la magnitud del Universo nos convierte en seres enormes. En el cumpleaños de Carl Sagan compartimos un poema suyo de cuando la sonda Voyager llegaba a los límites de nuestro Sistema Solar.

Un poco de historia

En plena Guerra Fría, Estados Unidos y la Unón Soviética se disputaban una carrera armamentística y espacial. Atrás habían quedado el episodio de la famosa Laika y el alunizaje de 1969. La próxima frontera era el espacio profundo, explorar otros planetas, revelar nuevos conocimientos.

Las sondas Voyager 1 y 2 fueron lanzadas en 1977 con el fin de visitar los gigantes gaseosos del Sistema Solar, Júpiter y Saturno (Voyager 1); Urano y Neptuno (Voyager 2), lo que significaron una de las mayores exploraciones humanas.

En las sondas se equiparon unos discos de oro con inscripciones sobre la posición relativa de la Tierra en el Universo, la forma de los humanos y un registro visual y auditivo enorme… ¿Por qué? Los científicos e investigadores que fueron invitados por la NASA pensaron que en algún momento, en algún lugar, las sondas serían encontradas por otra civilización que mire las estrellas.

Quizás pasen miles de años, cientos de miles, quizás la humanidad ya no exista como la conocemos cuando alguien encuentre las sondas, pero son una huella de un logro humano.

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Reconocernos es parte de crecer

Carl Sagan fue un astrónomo, astrofísico, cosmólogo, astrobiólogo, escritor y divulgador científico estadounidense. Fue un defensor del pensamiento escéptico científico y del método científico, pionero de la exobiología, promotor de la búsqueda de inteligencia extraterrestre a través del Proyecto SETI. Sagan fue quien propuso poner mensajes en las sondas Voyager en 1977.

En 1990 cuando la Voyager 1 estaba a 6 mil millones de kilometros de la Tierra, con 13 años de viaje interestelar, Carl Sagan propuso que la NASA apunte la cámara de la sonda en dirección a nuestro planeta. A tal distancia sólo se veía un pequeño punto azul en medio de la nada. Tiempo después, Sagan publicaría este poema…

Fotografía de la Tierra tomada por la sonda Voyager 1 el 14 de febrero de 1990

Un pálido punto azul

Mira ese punto. Eso es aquí. Eso es nuestro hogar. Eso somos nosotros. Ahí ha vivido todo aquel de quien hayas oído hablar alguna vez, todos los seres humanos que han existido. La suma de todas nuestras alegrías y sufrimientos, miles de religiones seguras de sí mismas, ideologías y doctrinas económicas, cada cazador y recolector, cada héroe y cada cobarde, cada creador y destructor de civilizaciones, cada rey y cada campesino, cada joven pareja enamorada, cada niño esperanzado, cada madre y cada padre, cada inventor y explorador, cada maestro moral, cada político corrupto, cada “superestrella”, cada “líder supremo”, cada santo y cada pecador en la historia de nuestra especie vivió ahí: en una mota de polvo suspendida en un rayo de sol.
La Tierra es un muy pequeño escenario en una vasta arena cósmica. Piensa en los ríos de sangre vertida por todos esos generales y emperadores, para que, en gloria y triunfo, pudieran convertirse en amos momentáneos de una fracción de un punto. Piensa en las interminables crueldades cometidas por los habitantes de un lugar del punto sobre los apenas distinguibles habitantes de alguna otra parte del punto. Cuán frecuentes sus malentendidos, cuán ávidos están de matarse los unos a los otros, cómo de fervientes son sus odios.
Nuestros posicionamientos, nuestra supuesta importancia, el espejismo de que ocupamos una posición privilegiada en el universo…
Todo eso lo pone en cuestión ese punto de luz pálida. Nuestro planeta es un solitario grano de polvo en la gran penumbra cósmica que todo lo envuelve. En nuestra oscuridad —en toda esa inmensidad—, no hay ni un indicio de que vaya a llegar ayuda desde algún otro lugar para salvarnos de nosotros mismos. Dependemos sólo de nosotros mismos.
La Tierra es el único mundo conocido hasta ahora que alberga vida. No hay ningún otro lugar, al menos en el futuro próximo, al cual nuestra especie pudiera migrar. Visitar, sí. Colonizar, aún no. Nos guste o no, en este momento la Tierra es donde tenemos que quedarnos.
Se ha dicho que la astronomía es una experiencia de humildad, y yo añadiría que también forja el carácter. En mi opinión, no hay mejor demostración de la locura que es la soberbia humana que esta distante imagen de nuestro minúsculo mundo.
Para mí, recalca la responsabilidad que tenemos de tratarnos los unos a los otros con más amabilidad y compasión, y de preservar y querer ese punto azul pálido, el único hogar que jamás hemos conocido.
Carl Sagan

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