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El amor escondido de una correntina que cautivó a Manuel Belgrano

El General Manuel Belgrano estuvo dos veces en la provincia Corrientes, la primera de ellas, en noviembre de 1810 cuando llevó a cabo la expedición al Paraguay, una fallida campaña destinada a llevar las noticias de la Revolución de Mayo y la conformación de un primer gobierno patrio, independiente de la Corona Española.

Pero tras la malograda acción  de este patriota que fuera vocal de la Primera Junta, pero que cedió el cargo para ponerse al frente del Ejército Revolucionario en suelo paraguayo, Belgrano -que para ese entonces ya tenía 41 años- pasó por la capital correntina.

Fue un intelectual avezado y un militar que entregó, literalmente, su vida a la Patria al punto que terminó muriendo en la más completa indigencia. A lo largo de los años al frente de la lucha revolucionaria tuvo que soportar todo tipo de penurias y privaciones. Sin embargo, también es cierto que era un hombre galante a quien le gustaban apasionadamente las mujeres.

Pese a su edad -por entonces pasar la barrera de los 40 años era ser un hombre mayor- y los problemas de salud que padecía, nunca dejó de ser caballero muy fino, de gustos exquisitos que hablaba con fluidez el inglés, el francés, el italiano y el alemán. A ello se sumaba su atractiva figura de abogado culto, militar -aunque improvisado- de gran prestigio, además de su cabello rubio y sus ojos azules. Combinaciones que debieron darle buenos resultados a la hora de conquistar la atención de las mujeres de su época.

Cuando el General Manuel Belgrano llega a Corrientes se encuentra con una sociedad profundamente dividida. Las diferencias de la época eran muy marcadas entre las familias peninsulares, descendientes de los conquistadores y fieles a un gobierno que respondiera al rey español, y las familias patriotas, que defendían la Revolución y la conformación de un Estado independiente de la Corona.

Pese a todo ello y siendo muy astuto evitó todo tipo de conflicto político, ya había tenido demasiado en el Paraguay. Belgrano permaneció casi un mes en la ciudad capital, y en ese tiempo el prócer se relacionó con un importante número de familias correntinas.

Según relata el libro “Estampas del General Manuel Belgrano, su paso por Corrientes” del escritor José Enrique García Enciso, Belgrano cautivó a las personas de la sociedad por su buena educación y su don de gentes. Hay una anécdota que pinta al prócer como un “hombre” de cuerpo entero como una persona capaz no sólo de llevar adelante grandes designios militares, políticos, jurídicos y económicos, sino también como un ser humano comprensivo, amable y poseedor de un fino sentido del humor.

García Enciso en su libro menciona a su vez la obra, “Belgrano estuvo aquí”, del escritor Iturriaga Gabancho, quien a su vez cita a la pintora impresionista e intelectual Justa Mercedes Díaz de Vivar, que se refirió a la presencia del prócer en Corrientes y a un acontecimiento muy particular.

“Don Juan Fernández José Blanco abrió su casa al general Belgrano. La familia Fernández Blanco obsequió un gran banquete especial al prócer. Para esa tan importante ocasión, los anfitriones e invitados lucieron sus mejores vestimentas y el general, vestido de gala, buen mozo, apuesto y elegante, ocupó el lugar de preferencia”, escribió Justa Díaz de Vivar.

Se hace necesario aclarar que el mayor de los hijos de Fernández Blanco, radicado en Buenos Aires era un gran amigo y admirador de Belgrano, y quizás fue éste el nexo para que la familia correntina recibiera tan abiertamente al General Belgrano.

Según continúa el relato de la señora Díaz de Vivar, “Fernández Blanco recibió a Belgrano y le dio su apoyo moral y material. Fue amable y generoso, pero en cambio su hija, la señora Rosario Fernández Blanco de Gómez Botella no lo quiso recibir y dijo en textuales palabras: `-no quiero recibir al General de papel´. De esta manera Rosario Fernández Blanco, creyó cumplir su lealtad con el Rey de España”.

Esta actitud indignó mucho a su padre Don Fernández Blanco quien exclamó: “La ofensa no la has inferido al General Belgrano, sino al amigo de mi hijo”, por lo que pese a estar casada Rosario Fernández Blanco de Gómez Botella recibió un duro reproche.

Relata Justa Díaz de Vivar que inmediatamente el padre mandó a su hija a remediar el mal gesto. “Así la señora Rosario de Gómez Botella, muy obediente a las órdenes, concurrió a la casa de Belgrano con una gran bandeja de plata con dulces y pastas regionales”.

Pese a las diferencias políticas existentes en la sociedad, el Gobierno de turno en Corrientes organizó una velada en honor al General de la Revolución, por lo cual convocaron a un gran baile. Festejo al que se convocó en la casa de Monsieur Esteban María Perichón de Vaudeville, hermano de Anita Perichón de O´Gorman, abuela de quien sería Camila O´Gorman. Monsieur Perichón estaba casado con la hija de Juan Esteban Martínez, y el baile se hizo en la casa de los Martínez, donde hoy funciona el Museo de Antropología.

“Al baile asistió por supuesto la señora Rosario Fernández Blanco de Gómez Botella, engalanada de española y arrogante. Pero el general vestido de gala y con el uniforme militar, le ofreció galantemente el brazo a la dama. Juntos bailaron toda la noche por el gran salón”. Se dice que el atractivo, la gentileza y el correcto comportamiento del prócer, que cautivó a las mujeres de la época, doblegaron la altivez de la dama correntina, que se convirtió a partir de entonces, en algo más que una ferviente admiradora.

 

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