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UN DÍA COMO HOY

El combate de la Batería

El 25 de mayo de 1865 se libró en ese lugar uno de los combates más emblemáticos de la Guerra de la Triple Alianza denominado “Batalla de Arasá”, que permitió a las tropas argentinas recuperar ese territorio que permanecía bajo dominación del ejército invasor paraguayo.

Después de la ocupación paraguaya de la ciudad de Corrientes, el 14 de abril de 1865, necesitado de elevar la moral nacional y demostrar que, pese al poco tiempo transcurrido, Argentina está en condiciones de reaccionar, el gobierno de Bartolomé Mitre planea un golpe de mano sobre la ciudad de Corrientes, con una fuerza de unos 900 hombres embarcada en dos buques argentinos protegidos por tres cañoneras brasileñas.

El 25 de mayo de 1865 a las 15.30 comienza, en completo silencio, lo que podría considerarse una de las primeras operaciones anfibias de nuestra historia. Las lanchas de los transportes se dirigen hacia el punto seleccionado para el desembarco, al Nordeste de la ciudad y a unos 200 metros inmediatamente al Norte del Cuartel de la Batería, en una playada protegida de las vistas por un monte de naranjos.

La primera en tocar tierra es la sexta Compañía de la Legión Militar, una unidad compuesta sobre todo por extranjeros bajo el mando de un italiano, el Teniente Coronel Juan Bautista Charlone, que ataca en cabeza. Las otras compañías son conducidas a tierra desde la goleta que las transporta, a remolque del vapor nacional Pavón, y también entran en combate a medida que desembarcan.

Apenas los primeros legionarios pisan el suelo correntino, las tres cañoneras brasileñas abren fuego sobre el Cuartel de la Batería y el puente. Cabe destacar que la artillería carioca tenía la costumbre de disparar sus cañones sin preocuparse si al frente suyo había o no tropas aliadas y si veían o no sus blancos.

Al trepar la barranca, los asaltantes son enfrentados por un batallón paraguayo apostado en el naranjal que obstaculiza el avance hacia el puente de los argentinos quienes, además de una descarga cerrada de fusilería, reciben desde atrás varios disparos de cañón mal apuntados por las naves brasileñas.

Charlone, viendo que sufre muchas bajas, apoya por el fuego el desembarco de las tropas que lo siguen hasta que, haciendo gala de su ya célebre temeridad, impaciente, ordena hacer alto el fuego a las cañoneras y se dispone al asalto con menos de 300 hombres. Mientras tanto, otro batallón paraguayo ha cruzado el puente y codo a codo con el que defiende el Cuartel, se apresta a enfrentarlo.

La carga de la Legión reforzada con algunos elementos del 1 de Patricios del Coronel Manuel Rosetti, alcanza el paredón del Cuartel donde se entrevera cuerpo a cuerpo con los defensores paraguayos. En el encuentro, tan sangriento como desordenado, Charlone recibe un sablazo en el cráneo de un oficial paraguayo y, mientras blasfema como un condenado, lo salva un sargento, Boisnard, quien da muerte a su enemigo mientras otros, soldados, trompas y tambores, se abroquelan en torno de su jefe dando tiempo a que acudan las tropas que ya llegan desde retaguardia.

Con el arribo de las restantes compañías de legionarios y otras unidades, el combate se generaliza. El 3 de Línea carga a la bayoneta y obliga a los defensores a retroceder. Muerto el abanderado, otro italiano, el subteniente Daniel Cerri, un lombardo, toma la bandera y se lanza hacia el enemigo gritando ¡Viva la patria!, ¡adelante!, ¡adelante! Con los años, llegaría a general.

Así, mientras uno de los batallones enemigos abandona la posición, es atacado desde la retaguardia por tropas de línea y milicias santafesinas. No obstante, los paraguayos realizan una acción retardante que despierta la admiración de sus adversarios porque siguen batiendo por el fuego a los argentinos desde posiciones entre la vegetación que bordea las riberas del arroyo Arazá, desde las casas próximas y desde las barrancas del río. Muertos o heridos sus jefes, las pequeñas fracciones guaraníes maniobran y abren fuego haciendo gala de un valor y disciplina que el tiempo hará legendarios.

Se entabla de esa forma una nueva fase de la acción, con las tropas paraguayas protegidas y ocupando un frente amplio, mientras las argentinas sufren numerosas bajas por estar agrupadas, expuestas y desplegadas en un frente reducido. Es el momento en que ambos bandos concentran sus efectivos sobre el puente. Los paraguayos para defenderlo y los argentinos para cruzarlo.

Es que el Puente de la Batería, que aún hoy decora la entrada al Parque Mitre, es la llave del sistema de defensa. Los paraguayos van a defenderlo con todo lo que tienen: con tropas sobre el lado que da a la ciudad y con efectivos que luchan desde las barrancas inmediatas. También lo refuerzan con un cañón. Los argentinos, acaudillados por el Teniente Coronel Ignacio Rivas, a pesar del gran número de bajas que sufren, pasan al asalto.

Al toque de clarín, la masa de la infantería argentina carga a la bayoneta siendo recibida con un fuego mortífero, que la detiene pero no logra hacerla retroceder. A esta altura del combate, han caído 3 jefes, 19 oficiales y 220 soldados argentinos pero, reanudado el asalto, los paraguayos abandonan el puente y sus cañones, aunque siguen abriendo fuego.

Conquistado el puente, el intercambio de disparos se prolonga un tiempo, hasta que los paraguayos interrumpen el combate y se retiran, presumiblemente por haber agotado sus municiones.

Al anochecer del 25 de mayo, los victoriosos batallones argentinos entran en la ciudad de Corrientes para vivaquear en nuestra plaza que se llama, precisamente, “25 de Mayo”.

Algunos correntinos, luchan fusil en mano sin vestir uniforme, destacándose entre ellos uno de los ministros del gobernador Manuel Ignacio Lagraña, Félix Amadeo Benítez y el diputado nacional José Eusebio Torrent.

En definitiva, el después de esta acción, pese a su derroche de heroísmo, hoy se nos presenta más bien grisáceo.

Las pérdidas argentinas se elevan a 1 jefe, 2 oficiales y 69 soldados muertos y a 3 jefes, 19 oficiales y 229 soldados heridos, es decir, un tercio de la fuerza de desembarco. Ya entonces, esas bajas son consideradas inaceptables. Los paraguayos pierden 400 hombres entre muertos y heridos, una bandera, varias cajas de guerra, 250 fusiles, tres cañones y dejan 100 prisioneros.

Además, Dardo Ramírez Braschi en su último libro sobre los daños y consecuencias sufridos por la población civil de Corrientes durante la Guerra del Paraguay, afirma citando a diversos autores, que los correntinos mostraron muy poco interés por las celebraciones que los aliados realizaron esa noche, “de tensa calma”, punteada por más de setenta actos de saqueo y destrucción de comercios y viviendas particulares perpetrados por los vencedores.

Finalmente, carente de la caballería de Nicanor Cáceres, que faltó a la cita, anoticiado de que un fuerte contingente enemigo cruza sin oposición por el Paso de la Patria, ante la inercia del almirante brasileño Francisco Manuel Barroso que se niega a impedirlo, Wenceslao Paunero, el comandante, ordena el reembarque. En el amanecer del 27 de mayo, las naves zarpan hacia Esquina, donde amarran el 2 de junio. Los paraguayos ocupan nuevamente la ciudad, sin combatir.

El resto de la escuadra brasileña fondea sobre la costa del Chaco, frente a la desembocadura del Riachuelo. Estamos en la antesala de una de las más grandes batallas navales de la historia Sudamericana.

 

 

 

Fuente:

Carlos María Vargas Gómez (Presidente de la Junta de Historia de Corrientes) y Jorge Enrique Deniri (Secretario de la Junta de Historia de Corrientes)

http://diarioepoca.com/447365/el-combate-de-la-bateria/

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