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UN DÍA COMO HOY

El Gaucho, un emblema nacional

Cada 10 de noviembre los argentinos rememoramos todo aquello que conforma la personalidad de un colectivo tan complejo y particular. La música, vestimenta, comida, costumbres… Todo eso lo supo amalgamar José Hernández. Descubran más de esta fecha aquí.

Recuperado de Revista El Canillita, edición noviembre de 2014
El Día de la Tradición se recuerda en honor a José Hernández, quien inmortalizó la figura del gaucho pampeano en el poema Martín Fierro. ¿Quiénes eran?, ¿cómo vivían?, ¿siguen existiendo los gauchos? EL CANILLITA te brinda todas las respuestas.

EL GAUCHO

Hay unas 30 hipótesis sobre la procedencia del término “gaucho”, pero la más aceptada es la que sostiene que proviene de “gauderio”,
una palabra derivada del latín que se usaba para designar a los hombres que llevaban una vida libre en el campo. Los primeros registros oficiales de estas palabras, datan del siglo XVI, y se cree que la denominación se terminó de formar bajo la influencia de los jesuitas, que
llamaban “camilucho” a los hombres que trabajaban con el ganado. Así de la conjunción de “gauderio” y “camilucho”, nació “gaucho”.
¿Quiénes eran estos primeros gauchos? Se cree que ya existían antes de 1810. Eran hijos de inmigrantes, negros y mulatos, cuyo ambiente
natural era la llanura argentina desde la Patagonia hasta el Norte, llegando incluso a Río Grande del Sur, en Brasil, donde habitaba el “gaúcho”.

Poncho, caballo y un perro flaco pero fiel – Pintura gauchesca de Florencio Molica Campos

SUS ACTIVIDADES

Este gaucho era algo más que un simple vagabundo. Era un hábil jinete y criador de ganado, se caracteriza por su destreza física, su altivez, su carácter reservado y melancólico Casi todas las faenas eran realizadas a caballo, animal que se constituyó en su mejor compañero y toda su riqueza. Sus actividades giraban en torno al lanzamiento del lazo, la doma y el rodeo de hacienda.

Para comer le bastaba con faenar un animal, lo demás lo brindaba la naturaleza, no les hacía falta nada más. De este modo empieza a dibujarse la imagen del gaucho libre, sin trabajo ni vivienda fija, que recorre a caballo grandes distancias y duerme al descampado sobre su recado cuando lo sorprende la noche en la soledad de la llanura. Lleva una vida nómada y apartada de las ciudades. Sin embargo, con el tiempo iría levantando algunos ranchos para afincarse.

VESTIMENTA

Las primeras imágenes del gaucho lo describen vestido con calzoncillos blancos, chiripá, poncho y sombrero, y por supuesto los infaltables facones y lanzas. Las botas de potro y las espuelas de plata o hierro fueron típicas de nuestros gauchos. Aún hoy los paisanos se enorgullecen al lucirlas. La bota de potro, abierta en la punta, se hace con el cuero de la pata del caballo que es muy flexible. La abertura (por donde pasó la tibia del animal) permite al gaucho estribar con los dedos.

LA LEVA

La figura del gaucho adquirió una gran relevancia luego del 25 de mayo de 1810. Entonces, ingresaron en las filas patriotas contra España con sus habilidades para cabalgar, coraje y un gran conocimiento del suelo nacional. El gaucho guió a los ejércitos patriotas a través de nuestro territorio y con ellos peleó en el Alto Perú a las órdenes de Manuel Belgrano o con José de San Martín en Chacabuco y Maipú.

En el norte del país otros hombres defendieron con gran destreza y valor las fronteras de nuestra patria naciente, se les llamo los “gauchos
de Güemes”. De esa unión nacía otra relación determinante para la historia argentina: la del gaucho y los caudillos.

PERSEGUIDOS Y POLÍTICOS

A principios del siglo XIX, a raíz de una ley que los perseguía, los gauchos consideraban que junto a los caudillos estaban protegidos. Entre huir de la justicia hacia las tolderías de los indios o sumarse a las filas de un caudillo, muchos prefirieron esto último; de ese modo aparecen peleando junto a Justo José de Artigas, Francisco Ramírez y Jordán López en el Litoral, con sus propios caballos y armas, organizados en grupos pequeños que atacaban de imprevisto.

En el federalismo, el gauchaje se dividió. Unos se sumaron a las filas de Juan Manuel de Rosas mientras otros se plegaron a las tropas unitarias. A la caída del Restaurador, todos volvieron a encontrarse tras la figura de Justo José de Urquiza. Otros caudillos de la época eran Chacho Peñaloza y Felipe Varela.

Si lo piensan bien los contrapuntos entre payadores eran las batallas de Trap de hoy 😉

NUEVOS CAMBIOS

Para mediados del siglo XIX, los campos comenzaron a alambrarse y la relación entre los dueños del ganado y los gauchos cambió. Muchos se vieron condenados a viajar bordeando los campos sembrados, con la amenaza constante de ser apresados si no tenían un certificado de trabajo. Si no cumplían con esa norma, iban al calabozo o eran forzados a pagar con cinco años de milicia. A ese escenario se sumaban miles de inmigrantes europeos que transformaron la fisonomía de los campos del país.

Estos cambios contribuyeron a que la figura del gaucho fuera mutando. Por un lado desaparecería esa imagen del hombre libre, viviendo a la intemperie permanentemente y sin ningún lazo social. Pero comenzaría a aparecer un nuevo hombre de campo, que nosotros también llamamos “gaucho”, caracterizado por sus vestimentas similares a las de sus antepasados, una exacta o mejor habilidad para la doma y las faenas de rurales, y una cosmovisión del mundo similar a la de siglos atrás.

EL MENCHO CORRENTINO

En nuestra tierra el gaucho presente en la actualidad puede encuadrase dentro de la figura del “mecho correntino”. Para conocerlo mejor, nos gustaría compartir algunas apreciaciones del periodista Martín Llambí quien describe con maestría a este personaje actual.

“El mencho correntino tiene una fuerte relación con el paisaje que lo rodea. En las islas del Paraná, se lo ve meterse a caballo en el agua y nadar agarrado de las crines. También se interna en el monte, avanzando a caballo en los bañados en medio de una nube de mosquitos. En la isla, su principal herramienta de trabajo es el machete. Lo usa para abrir picadas en el monte, para cortar un pedazo de asado o para arreglar un alambrado. Cuando encuentra la hacienda y empieza a arrearla entre los pajonales, empieza a gritar como poseído. Esos gritos parecen salidos del monte y de los humedales… Algunos suenan a sapucay, a raíz guaraní. A pesar de vivir en un ambiente áspero, el peón correntino trata a los animales con suma delicadeza. Nunca maltrata a los caballos, ni apura a la hacienda”.

Este relato forma parte del presente de nuestra provincia, y la tradición del gaucho está viva en estas tierras. Con nuevas modalidades, más tecnología y otros avances, el gaucho está entre nosotros.

El nacimiento de José Hernández fue elegido para conmemorar el día de la Tradición Argentina

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