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MUNDO CURIOSO

El misterio del códice Voynich

Un manuscrito que ha pasado de mano en mano, hoy sigue sin ser descifrado. Un lenguaje extraño, codificado seguramente, y con ilustraciones tanto o más extrañas que hizo a más de un especialista rascarse la cabeza. Conozcan más de este extraño libro en esta nota.

Los historiadores afirman que el lenguaje escrito humano tiene más de 4.700 años, desde entonces se han visto registros de cientos de lenguas antiguas, cada una con una peculiaridad o familiaridad a las que conocemos actualmente. También es conocido por muchos que las civilizaciones antiguas tenían claves para encriptar textos de contenido religioso, político, diplomático o militar, cuyo desciframiento sólo conocían los iniciados.

Todas las civilizaciones han practicado estas técnicas, desde los sumerios a los griegos, los romanos, los mongoles, el Imperio español y, por supuesto, en el último siglo, la codificación de mensajes es una herramienta de preservación y de reserva de información.

Durante la Segunda Guerra Mundial el trabajo de los criptógrafos fue importante, no sólo para proteger la información de estrategia de guerra sino también para arruinar planes del enemigo. Al analizar cada código se podía encontrar la forma de resolverlos. Un claro ejemplo fue la máquina Enigma de los alemanes y la agudeza mental de los británicos para hacer inteligencia inversa para «quebrar» el cifrado.

1er modelo de Enigma

Un misterio sin resolver

Pero entre tantos métodos para descifrar códigos, un extraño libro a sabido burlarlos todos. Conocido como Códice Voynich, este manuscrito antiguo es un misterio para expertos de todo el mundo, pues nadie a podido comprenderlo al 100% todavía. Incluso un experto se obsesionó tanto por resolverlo que fue declarado mentalmente inestable luego de estudiarlo.

Pero ¿de donde viene este manuscrito? A ciencia cierta nadie tiene la respuesta, pues no tiene un autor ni tampoco en sus página se alude a una fecha en específico. Los registros oficiales nos remontan a 1580 cuando el Emperador Rodolfo II de Habsburgo, muy interesado en las ciencias ocultas, la magia y las rarezas de todo tipo, lo adquirió por la elevada suma de 600 ducados a los ingleses John Dee –un mago que decía comunicarse con los ángeles mediante unas piedras– y Edward Kelley, un embaucador.

Este escrito pasó por varias manos hasta quedar resguardado en Italia, en un convento franciscano. Recién en 1912 un comprador de antigüedades lo adquirió, su nombre era Wilfrid Voynich, de donde tomaría su nombre. Luego de su muerte, su viuda vendió el libro a un anticuario en New York. Peter Kraus, dueño del local, no pudo conseguir ninguna ganancia con este libro, debido a eso decidió donarlo a la Universidad de Yale en 1969.

Desde ese entonces el Códice Voynich a permanecido allí, convirtiéndose en una curiosidad a la que muchos investigadores, criptólogos, matemáticos y demás expertos pusieron interés y grandes cantidades de horas sin resultado favorable.

Un código inquebrantable

La historia que rodea a este libro ha registrado varios intentos para descrifrarlo. Uno de los primeros fue durante el siglo XVII cuando el alquimista Jacobus Horcicky de Tepenecz, el bibliotecario imperial Georg Barsche y el profesor de la Universidad de Praga Johannes Marcus Marci pusieron sus manos sobre este, sin el resultado esperado. Mas tarde el códice fue enviado al jesuita Athanasius Kircher, famoso por sus intentos de descrifrar los jeroglíficos del antiguo Egipto, quien tampoco pudo dar un veredicto positivo.

Pasaron años hasta que en pleno siglo XX, el profesor Willian R. Newbold, de la Universidad de Pensilvania, intentó descifrarlo en 1921, e incluso llegó a trastornarse por ello. Lo analizaron expertos estadounidenses en gliptografía (estudio de las inscripciones sobre piedra) aplicando algunas técnicas experimentadas en la segunda guerra mundial, y filólogos profesionales y aficionados. Todos fracasaron.

Se han usado incluso tarjetas perforadas, de las primeras maquinas de computo que se conocían en el año 1500, incluso se uso técnicas sencillas pero eficaces como reemplazar una letra por otra o asignarle un valor numérico. Nada dio resultado, hasta se utilizaron programas informáticos actuales que analizaron miles de combinaciones posibles.

Muchos expertos dicen que se trata de un lenguaje no conocido, ni registrado, al que se le dio el nombre de Voynichés.

El códice con una de sus páginas desplegables, sección de Botánica – Fuente: Biblioteca de la Universidad de Yale
Dibujo astrológico del códice Voynich

Una enciclopedia innimaginable

Escrito sobre vitela (pergamino fino), con un total de 232 páginas (faltan algunas y hay otras desplegables), de 22 por 15 centímetros de formato y 5 de grosor, este códice contiene centenares de dibujos y 37.919 palabras con 25 letras o caracteres distintos.

Sí el lenguaje en que está escrito este libro parece extraño, no hay que olvidar las imágenes que acompañan al texto. Debido a ellas es que se puede decir que el libro es un intento de enciclopedia, ya que resguarda secciones diferenciadas como Botánica, Astrología, Farmacología y una sección de texto intervenida por dibujos de mujeres bañandose.

La sección de Botánica y Farmacología nos muestra ilustraciones de plantas extrañas, y otras conocidas como la amapola, que hasta el día hoy no pueden compararse con ninguna conocida. Los dibujos astronómicos muestran una rueda zodiacal con anotaciones más extrañas. Todos estos puntos han hecho que muchos expertos afirmen que se trata de una falsificación o una estafa para sacarle dinero al emperador Rodolfo II. Esa conjetura empezaba a ganar relevancia hasta que se decidió hacer una datación con la técnica del Carbono 14.

Los resultados fueron pusieron más misterio al asunto, pues con este análisis se ha permitido datar la elaboración del pergamino entre los años 1404 y 1434, ¡un siglo antes que Edward Kelley o John Dee pudiesen siquiera manufacturado!

Una página del libro muestra mujeres bañandose acompañado de un extraño texto

Nuevo enfoque

En nuevas investigaciones un grupo de especialistas aseguran que el idioma en que está escrito el libro es hebreo antiguo pero uno tan viejo que hoy apenas es reconocido por expertos en el idioma, sumado a eso que existe una encriptación sobre ese lenguaje perdido. Informáticos de la Universidad de Alberta utilizaron inteligencia artificial para llegar a esta conclusión.

Greg Kondrak, un experto en procesamiento del lenguaje natural, y el estudiante graduado Bradley Hauer, usaron muestras de 400 idiomas diferentes de la «Declaración Universal de los Derechos Humanos» para así identificar sistemáticamente el lenguaje del códice. Fue así que concluyeron en apuntar al hebreo como escritura del libro pero aún, según los expertos, se debe encontrar sentido en las palabras hasta ahora puestas al azar.

Quizás la tecnología actual pueda darnos una respuesta a una incógnita de tantos años. Se desconoce la importancia de la información guardada aquí pero es una certeza que el desafío de entender este códice ayudará a generar nuevas formas de entender nuestro propio lenguaje, la forma en que construimos dialectos e idiomas, todo ello atado a un salto cualitativo de nuestra capacidad como humanidad.

Para conocer más recomendamos:
El códice Voynich, el manuscrito más extraño del mundo – Artículo del sitio National Geographic España
Solución al enigma del incomprensible manuscrito Voynich – Artículo de la sección Ciencia del sitio Europa Press

 

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