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HISTORIAS Y MITOS

El poder a los revolucionarios

La plaza, la Recova entre el Cabildo y el Fuerte ardía en mayo de 1810, vecinos, chisperos, cabildantes y milicias con la decisión tomada.

Desde hace una semana estamos intentando reflejar las mentes de quienes idearon y fogonearon los hechos de 1810, esas primeras jornadas democráticas por estas tierras, qué mérito. Desde el 20 de mayo de 1810 más que nunca antes la ciudad de Buenos Aires vivía en efervescencia, movilización de vecinos y rumores en los sectores de los orilleros, opiniones, emoción, temores quizá.

Cornelio Saavedra  y Juan José Castelli, tras la agitada jornada del 22, saben que deben aprovechar la coyuntura y avanzar, aunque quién conoce si eran conscientes de lo que vendría, del alcance que tendría la decisión de no ser más fiel a España y en su lugar, formar una Junta de Gobierno.

En la plaza, frente al Fuerte y al Cabildo, los chisperos al mando de French y Beruti, los vecinos que querían saber. Nadie sabía a ciencia cierta cuántos eran ni qué intereses tenían, pero estaban movilizados y esa presión se sentía puertas adentro, fortaleciendo los argumentos revolucionarios.

Hacia mayo de 1810, Santa María de los Buenos Ayres, capital del Virreinato, tenía poco más poco menos 50 mil habitantes. Unos 3.000 adultos que pertenecen a las milicias urbanas que habían sido organizadas para combatir las Invasiones Inglesas de 1806 y 1807. Pero no eran profesionales, ni mucho menos, eran  civiles en armas que perciben una escasa remuneración y siguen sus oficios y actividades habituales para el vivir diario.

Ellos están en la plaza, siguen a sus jefes porque representan seguridad y orden ante la caída del poder colonial. Imaginen que sin estos patriotas sin título no hubiese sido exitoso el firme rechazo a la Junta encabezada por el virrey Cisneros, formada el 24 de mayo.

Hay gente también del pueblo llano y no tan llano, atraídos por los agitadores, los chisperos y aunque hay muchas versiones contadas tiempo después sobre su accionar, como que en algunos casos los sablazos ayudaban a captar adeptos, los documentos no les hacen suficiente honor. Son los que llevan y traen información, los que están en los cafés en la puerta del cabildo con los cabildantes y también en el Fuerte y con las milicias. Siguen a los oradores y a los militares revolucionarios, no están al margen, son vecinos  comprometidos.

José Darregueira, por ejemplo, es abogado, asiste al Cabildo Abierto del 22 con el comandante de milicias Martín Rodríguez, del regimiento de Húsares. Francisco Planes, hombre de leyes también junto a Julián Álvarez hacen lo propio, ellos responden a los discursos de Moreno y Monteagudo.  Son hombres decididos, también revolucionarios desde el lugar que les tocó en aquellos días, son los que marcaron las calles, y los cafés, y las tertulias, y tomaron su decisión en días claves para lograr la revolución.

De aquel 22 nos quedó el relato de que a  las nueve de la mañana del martes 22, unos 250 vecinos —entre ellos 70 funcionarios y sacerdotes, 25 abogados y profesionales, 59 comerciantes, 59 militares y 21 ciudadanos comunes— llegaron al Cabildo para debatir.

De aquel debate histórico, se recuerdan sólo cinco discursos: los del obispo Benito de Lué, los abogados Castelli y Paso, el fiscal real Villota y el militar Pascual Huidobro. Como un ejemplo de dos pasiones opuestas, cabe recordar que el obispo Lué sentenció que «aun cuando no quedase parte alguna de la España que no estuviese subyugada, los españoles que se encontraren en las Américas debían tomar y reasumir el mando de ellas». A eso contestó Castelli: «Es falso que el derecho de disponer de nuestra herencia, hoy que la Madre Patria ha sucumbido, pertenezca a los españoles de Europa y no a los americanos».

El día 23 se hace el recuento de votos, el escrutinio arroja 155 en contra de la continuidad del virrey y 69 a favor. Al enterarse la plaza que la Junta estaba presidida por Cisneros hace crecer la tensión, y esto fue clave para impulsar la gran jornada de mayo.

 

Fuente: https://goo.gl/uNb52G

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