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Guerra de Malvinas: No Tan «Invincible»

Los planes de la Fuerza Aérea

La Fuerza Aérea había obtenido la información de la posición estimada del portaaviones, conocía los planes de la Aviación Naval porque esta le había requerido el disponer de un avión tanque, y decidió que las probabilidades de éxito de esta misión serian mucho mayores si además de agregar al cisterna incluía en la misión a bombarderos.

Dentro de los sistemas de armas que poseía, quedaron descartados aquellos que no tenían la capacidad de reabastecerse en vuelo, por lo tanto la elección se limito a los dos tipos de A4 disponibles, recayendo en el sistema A4C del Grupo 4 de Caza la asignación de la misión. Esto se debía a una mayor capacidad de almacenamiento de oxigeno que esta versión del SkyHawk poseía en comparación con su hermano del Grupo 5.

Dos jefes de escuadrilla se ofrecieron para cumplir la misión: El Primer Teniente Daniel Vazquez y el Primer Teniente Ernesto Rubén Ureta. Estos tuvieron la libertad de elegir a quienes los acompañarían en la misión, recayendo la elección en el Primer Teniente Castillo, el Teniente Paredi, y el Alférez Isaac. No se tenía decidido aún quien de estos tres pilotos no despegaría en la misión ya que se previo mantenerlo de reserva en caso de que uno de los restantes no pudiera continuar.

Desde su asiento en la base San Julián, estos cinco pilotos vuelan hacia Río Grande, donde comenzaría la misión.

La Fuerza Aérea tenia una carta definitoria que jugar para ser incluida dentro de la misión. Simplemente la misma no podría realizarse sin reabastecimiento en vuelo y los únicos cisternas disponibles pertenecían a ella.

El 29 de mayo, con el cisterna volando en posición de espera para recibir a Francisco y Collavino, quienes estaban a punto de despegar, la llegada a Río Grande de los aparatos de la Fuerza Aérea complico todos los planes.

Los marinos no aceptaban la inclusión de cuatro nuevos aparatos, sobre todo porque no se previó el empleo de ellos en la planificación previa. Había que rediseñar los planes de vuelo y esto llevaría su tiempo. Como el KC 130 no podía permanecer a la espera indefinidamente, se le ordena el retorno a base y la misión es pospuesta para el día siguiente.

La nueva planificación

En esencia, la navegación de esta misión sería la misma que la anterior, pero previendo el aumento de aviones, se utilizaron dos cisternas en lugar de uno.

Los dos Hércules despegarían desde Río Gallegos. Uno de ellos se dirigiría en rasante hacia el norte, viraría hacia mar adentro unos 100 kilómetros y luego hacia el sur bordeando la costa, hasta que el llegar al Pasaje de Drake, pondría rumbo sudeste, hacia un punto al sur de las Malvinas en donde esperaría a los bombarderos. El otro cisterna despegaría y se dirigiría hacia el oeste, casi hasta llegar a la cordillera, para después poner rumbo sur y de ahí sudeste, hasta encontrarse en posición con su compañero.

Tiempo después los aviones de combate despegarían desde Río Grande y tomarían un rumbo sudeste, hacia las coordenadas en donde se encontrarían con los Hércules. Los ocho aviones se mantendrían unidos siguiendo un curso nordeste, en los cuales se sucederían dos reabastecimientos de todos los cazas, hasta que, llegados a una determinada posición y con la carga de combustible completa, los bombarderos dejarían atrás a los tanques para iniciar el recorrido final de ataque en rasante hasta el blanco.

Mientras tanto, los cisternas continuarían orbitando en una posición al sur de las islas a la espera de los que regresaran.

La ejecución

De los cinco pilotos de la Fuerza Aérea que fueron enviados hacia Río Grande, es probable que el jefe de la escuadrilla y el de sección solo supieran el objetivo a batir. El resto de ellos solo tenia una idea vaga de lo que iban a hacer. Se enteraron de ello recién en la reunión prevuelo del 29 de mayo. Pasado el mediodía los pilotos son informados de que la misión estaba cancelada, lo cual los relaja y les hace volver el apetito. Sin embargo el hambre les duro poco, porque durante el almuerzo toman conocimiento que la misión no estaba cancelada sino solo pospuesta.

El comienzo del nuevo día reunió a todos los pilotos que participarían de la misión para la nueva planificación. Había ciertas condiciones que debían cumplirse para continuar o abortar la misión: Si fallaban dos Skyhawk, si fallaban los Super Etendard, o si fallaba un Hércules, la misión abortaba. Lo mismo ocurriría de hallarse piquetes de radar enemigos. Y obviamente, de no hallar el blanco en la posición estimada.

En la fase final de ataque, los Super Etendard se harían cargo de la navegación, y al disparar el misil retornarían a la base. Los A4 seguirían la estela del misil hasta encontrarse con el blanco y descargar sus bombas, incrementando el poder destructivo del Exocet. A diferencia de la mayoría de las misiones en que los aviones de la Fuerza Aérea eran armados con una sola bomba, en esta misión los A4 portaban 3 bombas de 500 libras cada uno, retardadas por paracaídas.

Los cisternas con el indicativo Ranquel despegaron desde Río Gallegos a las 11 hs. 25 min. Como se previo, el Vicecomodoro Litrenta al mando del Ranquel 1 y el Vicecomodoro Noe en el Ranquel 2 hicieron su navegación por separado para encontrarse sobre el área de reabastecimiento en tiempo y forma.

A las 12 hs. 43 min despegaron los Super Etendard con el indicativo Ala y cinco minutos después lo hicieron 4 Skyhawk con el indicativo Zonda, quedando el Teniente Paredi en tierra. Poco después de despegar y con el rumbo tomado, el Zonda 4, Alférez Isaac le informa al jefe de escuadrilla que su horizonte artificial no funcionaba, y recibe la orden de volver a base. Ya en camino de regreso, el jefe del escuadrón le indica al Zonda 4 que no abandone la misión, y a partir de este momento, Isaac realiza una navegación solitaria para reunirse con el resto de los aviones que se dirigían a reabastecer.

La pericia y la experiencia de los días anteriores hacen que los 8 aviones se encuentren en el momento y el lugar acordado para cumplir con el llenado de tanques. Cada avión de ataque realiza dos reabastecimientos sin ningún tipo de inconveniente, mientras mantienen un rumbo nordeste por casi 200 kilómetros.

Estando bien al sur de la posición estimada del blanco, los seis aviones de combate se separan de los Ranquel, e inician una picada hacia las olas, para el recorrido final de bombardeo.

Volando a unos diez metros de las olas, al llegar a unas treinta millas del punto probable donde se encuentra el blanco, los Ala se elevan unos cien metros por sobre el mar y emiten radar para detectar la posición exacta del blanco. Sin suerte, vuelven a descender y continúan el rumbo por un pequeño lapso de tiempo mas, siempre con los Zonda siguiéndolos.

A la segunda emisión de radar, los marinos detectan a su blanco, ingresan las coordenadas a la electrónica del misil y, a una distancia de aproximadamente 24 millas (unos 38 kilómetros), lanzan el ultimo Exocet que poseían. Al completar la maniobra, los dos Super Etendard, con un violento giro hacia la izquierda inician el retorno a Río Grande, mientras que los Zonda aceleran al máximo sus A4 para seguir la estela que deja el misil.

La velocidad de crucero del AM 39 Exocet es de aproximadamente una vez y media la velocidad del sonido. Como los Skyhawk con su turbina a máximo poder solo pueden alcanzar una velocidad de unos 900 kilómetros por hora, pronto pierden de vista al misil.

Entre los 15 y los 13 kilómetros antes del blanco, los pilotos comienzan a percibir delante suyo la humareda que produce sobre el blanco el impacto del misil. Es en este punto en donde el Skyhawk del Primer Teniente Vazquez es derribado, supuestamente por un misil Sea Dart. El plano del C 301 se desprendió y estallaron sus tanques de combustible. Para el Señor Jefe de Escuadrilla no hubo posibilidades de eyección.

Los tres Zonda restantes continuaron con el rumbo y altitud. Muy cerca del blanco, a un poco mas de tres kilómetros, otro Sea Dart alcanza al avión del Primer Teniente Castillo.

El Primer Teniente Ureta le entra al buque desde estribor, mientras que el Alférez Isaac lo hace casi desde popa. Ambos arrojan sus bombas, pegan y comienzan a huir cada uno por su lado no sin dejar de efectuar maniobras evasivas, a la mayor velocidad posible y siempre en rasante.

Los dos Halcones estaban muy lejos de su base, y con no mucho combustible para desperdiciar. Necesitaban unirse a los reabastecedores. La reunión estaba prevista en una posición al sur de las Malvinas, a unos 80 kilómetros de distancia. Reabastecer en esa situación, en donde la maniobra exige un cierto tiempo de vuelo estable, y con el enemigo en alerta por haber sido recién atacado, no es para nada tranquilizador.

Tiempo antes, los tripulantes de los cisternas habían visto pasar a los Ala que volvían luego de haber lanzado el misil. Estos, con un alabeo, declinaron el ofrecimiento de reabastecer y se dirigieron directamente a Río Grande.

Instantes después, la tripulación del Ranquel 1 avista dos puntos que se acercan desde el nordeste. La incertidumbre de desconocer si son aviones amigos o enemigos pronto pasa, al identificarlos como los Zonda que regresan. Comienzan a reabastecer, pero como el Vicecomodoro Litrenta desconocía que el resto de la escuadrilla no regresaría aun mantenía un rumbo de espera. Finalmente pregunto por radio a los Halcones sobre la suerte corrida por el resto de la escuadrilla y al conocerla, puso rumbo hacia la base.

Todos aterrizaron en Río Grande, con emergencia de combustible, luego de la misión de ataque mas larga de toda la guerra, y después de 2800 kilómetros recorridos.

Fuente: FullAventura

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