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José Luis Cabezas: el precio de la verdad

La memoria está intacta, el dolor habrá menguado pero no apaga la sed de justicia. Una foto fue la excusa para terminar con la vida de José Luis Cabezas. No olvidamos, no podemos permitirnos eso.

Un oficio de riesgo

Parece que buscar la verdad es un delito, una suprema ofensa, que debe pagarse con la vida. José Luis Cabezas fue víctima de esa hipótesis que en varios lugares se ejecuta, como se puede observar hoy en México. En ese entonces el caso contra Yabrán estaba en boca de todos, una madeja de corrupción donde sus protagonistas trataban de esconder cualquier hilo que revele sus secretos.

Era un viaje de trabajo, la Revista Noticias, donde trabajaba Cabezas, había empezado a cubrir la temporada de verano en Pinamar. Era el verano de 1996, la tarea de los fotógrafos del medio era buscar famosos y cubrir eventos de la costa y la ciudad. Aquí es donde el narcoempresario Alfredo Yabrán apareció en la playa junto a su mujer, un enfoque, una toma, digna de una tapa, pagada con plomo.

Yabrán estaba bajo una investigación en una trama merecedora de una página a parte. La foto de Yabrán fue la tapa de la edición del 5 de marzo de 1996 de Noticias: «Yabrán ataca de nuevo», tituló el medio. La imagen de Cabezas acompañaba una investigación donde revelaba los negocios del empresario en Pinamar. Sobre sus empresas de transporte, logística y seguridad pesaba la sospecha de que eran utilizadas para ocultar tráfico de drogas, armas y lavado de dinero.

Hermético sobre su vida personal, Yabrán detestaba dar entrevistas y mucho menos que lo fotografien, hasta ese momento su rostro era poco conocido por el público, un nombre que no trascendía los portales mediaticos. «Sacarme una foto a mí es como pegarme un tiro en la frente», había dicho el empresario tiempo antes de que saliera en la tapa de Noticias. Desde aquel momento Cabezas empezó a recibir amenzas en su casa, llamados y advertencias anónimas. Su destino ya estaba delineado por Yabrán.

El último saludo

El año había pasado entre amenazas pero ni José Luis, ni su familia, dejaron que eso les permitiera seguir sus vidas. Todo parecía transcurrir con normalidad, nuevamente la temporada de verano en Pinamar había empezado y el fotografo volvía al ruedo.

Era enero de 1997, un evento donde estarían grandes personajes de la farandula argentina, Noticias quería la primicia, las mejores imagenes, José Luis era el encargado. La fiesta de Oscar Andreani era el furor en Pinamar, más de 200 invitados estarían esa noche, 24 de enero del ’97. La fiesta estaba en momento de clímax pues Andreani espera la llegada del basquetbolista «Magic» Johnson, docenas de cámaras capturaban la noche, haciendo brillar el lugar con las luces del flash adosado al equipo. Esa serían las últimas fotos que haría Cabezas, quien fue visto por última vez en la madrugada del 25 de enero.

Oscar Andreani, José Luis Cabezas y Gabriel Michi – Fuente: archivo La Nación

La noche transcurría y ya era hora de descansar .Cabezas asistió a la fiesta junto a su compañero Gabriel Michi, quien se retiró antes junto a otro colega, José Luis se quedaría a hacer unas cuantas tomas más, por la mañana se verían de nuevo, eso fue lo que creyó Michi.

Más tarde, terminada su tarea, Cabezas emprendió camino a casa donde lo esperaban su esposa Susana y sus hijos. Saludó a los colegas que se quedaban en la fiesta, era la madrugada del 25, debía descansar un poco. Su compañero Gabriel Michi, lo esperaba por la mañana en su departamento para recorrer la playa de Pinamar en busca de famosos.

Al no llegar, Gabriel llamó a la casa de la suegra de José Luis, nunca apareció por allá. De inmediato Michi intentó comunicarse con su compañero pero los mensajes a su número de Skytel no eran respondidos. Luego de llamadas, de consultar con todos con quien se podría haber encontrado Cabezas, y ninguna pista de su paradero, finalmente acudió a la comisaría para hacer la denuncia.

Luego de ser atendido y dar presiciones de Cabezas y el auto que manejaba, alquilado por la revista, el comisario le dijo «creo que tengo una mala noticia para darte». En un móvil de la comisaría lo llevaron a un lugar alejado sobre ruta 11, donde había que manejar por un camino de tierra, llegaron a un pozo de una obra de la municipalidad de Maradiaga. «¿Reconoces el auto?» le preguntaron a Michi. Nunca olvidaría la escena, el auto, el plastico derretido, el olor del humo, las esposas, las botas tejanas y la última vez que se despiediera de José Luis. Todo cambió.

«¿Como es seguir…?»

Gabriel Michi estaba en esa fosa, debía ver más de cerca, la policía tenía certeza pues la patente que denunció el periodista era la misma de la chapa que estaba entre los vidrios y los plásticos derretidos. El periodismo hace de los hombres seres desconfiados, necesitan comprobar todo dos veces, preguntar más, acercarse más, bajar a la fosa.

Las pericias luego lo confirmaron, José Luis Cabezas había sido asesinado. Fue secuestrado, torturado, asesinado e incinerado. La bronca de un hombre lo consumió, Yabran era quien marcó las cartas. Esa foto, la tapa de la revista, el informe, la exposición, Alfredo Yabrán nunca le perdonó eso a Cabezas, lo había amenzado durante todo 1996, lo siguió, espero el momento para encontrarlo solo, para que su escuadrón a sueldo impriman todo el odio que sentía.

¿Cómo es estar «del otro lado»? ¿Cómo es ser involuntariamente «noticiable»? ¿Cómo es seguir siendo periodista cuando vivís la extraña situación de que los demás colegas tengan que cubrir un hecho que te tiene como protagonista? ¿Cómo es seguir trabajando de periodista cuando la historia de la que tenés que hablar te sumerge en un mar de dolor e incertidumbre que te compromete como persona?
Cabezas (2016) – Gabriel Michi

El compañero y amigo de José Luis fue testigo de la escena final en los restos del auto de alquiler, esposado, con un hueco de bala en la frente y su cuerpo quemado. Se convitió en el protagonista de una historia que lo marcó, que dejó a una familia devastada, una imagen que cambió el periodismo argentino, que hizo dudar sobre las instituciones, la democracia, la justicia, todo estaba dado vuelta.

Entre el barro

La investigación empezó y con ello se pudo ver que la cancha estaba embarrada, la policía, los políticos, algunos medios y periodistas jugaban la suya. La insistencia de las investigaciones por parte de algunos periodistas puso en paños menores a lo que conoce como la «maldita policía», grupo de agentes corrompidos que son alquilados por cualquiera con una chequera abultada. La política menemista fue puesta entre ceja y ceja, los escándalos de corrupción no dejaban de sumarse pero poseía un blindaje mediatico pocas veces visto, todo problema era satirizado.

Las primeras pericias incluso permitieron ver la directriz corrupta de la justicia, pues se buscaba alejar cualquier vinculación con Yabrán al centrarse en la vida personal de Cabezas. Sus colegas denunciaron esta maniobra en los medios, incluso su familia fue víctima de este intento de manchar a José Luis.

«Recuerdo la indignación de Norma, la mamá, cuando una mañana la llamaron bien temprano de una radio y la conocida conductora le lanzó sin medias tintas una pregunta totalmente fuera de lugar.
—Señora Cabezas, ¿usted sabía que su hijo era un extorsionador?
Norma se quedó muda, en shock, antes de responderle con un insulto y cortar el teléfono. Carolina Perín, la conductora en cuestión, trasladaba así a la radio la operación montada desde la Policía Bonaerense para intentar ensuciar a José Luis y correr el eje de donde se tenía que investigar.»
Cabezas (2016) – Gabriel Michi

Pero finalmente los testigos, las declaraciones de quienes vieron a José Luis por última vez, todo sirvió para limpiar ese camino a la verdad, ya se podía hacer pie, ya no importaba ese camino de tierra mojada, el rastro llevaba hacia Alfredo Yabrán, ya no había dudas.

Investigado como autor intelectual del asesinato por encargo de Cabezas, el 15 de mayo de 1998 se emitió una orden de captura para Yabrán. Enterado de esto, decidió fugarse hacia una de sus estancias, la policía había hallanado varias de sus propiedades, finalmente el rastro llevó a la fuerza policial hasta la estancia San Ignacio, entre Concepción del Uruguay y Gualeguaychú, Entre Ríos.

La salida del cobarde

Los agentes se encontraron a la pareja de caseros a cargo de la estancia, la custodia que siempre seguía a todos lados al prófugo no estaba pero cuando preguntaron por Yabrán, el casero dijo «No abra esa puerta… Porque adentro está don Alfredo y se va a pegar un tiro si la abre. Si entran, se mata». Era un baño pequeño, sin nada lujoso, solo prolijo; el último refugio del hombre más buscado de la Argentina. Acobachado, sólo; vestía un yogging azul, una remera blanca y zapatillas Adidas, y en sus manos una escopeta 12/70 cargada. El casero ya había hecho la advertencia, el final parecía caer por su propio peso.

Hace cinco días que huía, una orden de arresto lo empujó a la clandestinidad. Todo lo apuntaba como el autor inletectual del asesinato de Cabezas, con él caerían agentes policiales de la «maldita policía», mercenarios contratados por su billetera. Sus turbios negocios eran puestos en la vidriera mediatica, su cara estaba en los diarios, la televisión, las emisoras de radio lo nombraban a cada momento. Ese hermetismo que supo construir, esa barrera ante el mundo, finalmente caía. Su cobardía lo hizo huir a esas cuatro paredes cubiertas de azulejos, sentado en ese inodoro, esperando a que lo busquen.

«No abra esa puerta» dijo el casero, el final ya estaba escrito. No había seguro, cuando un policía manoteó el picaporte se paró el mundo. Un estallido, uno solo, se escuchó en esa estancia, en Entre Ríos, en Argentina. El camino del cobarde, Yabrán se jactaba de su poder, de su influencia en el poder político y económico. «Sacarme una foto a mí es como pegarme un tiro en la frente» dijo alguna vez, era una amenaza a cualquiera que se anime a escudriñar sus negocios corruptos, ese 20 de mayo del ’98 se transformó en su propio final.

La policía ingresó por la puerta y encontró el cuerpo tendido en el baño de la estancia, la escopeta junto al cadaver fue lo primero que levantaron los peritos, llegaron más efectivos, una ambulancia, la polvareda se levantaba y la gente del lugar sabía que esa era la estancia de «El Tío», mote que utilizaban Cabezas y Michi cuando investigaban a Yabrán, a sabiendas que sus teléfonos podrían estar intervenidos y que sus fuentes también temían por su propia seguridad. La gente, mucha en bicibleta, ya había llegado al portón de la estancia, los periodistas, que hacian guardia de 24 horas por el caso, ya instalaban sus equipos. El país entero se anoticiaba a traves de la pantalla, pero ¿hubo justicia?

El informe del peritaje fue crudo, Yabrán se había suicidado de un tiro. El cañon de la escopeta apuntó a su boca, el disparo a quemaropa no dejó nada, su rostro desapareció, era irreconocible. Los perdigones de ese cartucho no dejaron huella de aquella cara que todos los periodistas de investigación buscaban, la que el mismo Yabrán buscaba esconder, la que haría las conexiones de todos sus aliados en sus negocios mal habidos. La cara que le costó la vida a José Luis Cabezas había desaparecido, y con esto se desvanecía cualquier esperanza por justicia, al final Yabrán quedó impune.

Pero la comunidad periodistica, la sociedad argentina, todos, le hacen justicia a Cabezas. Recordando su vida y los nombres que estuvieron involucrados en su muerte. Hoy todos saben quien fue Yabrán, que hizo y que era capaz de hacer; un ser que se paraba en ese pedestal de poder y corrupción, la misma altura a la que se elevaba a si mismo fue su caida más estrepitosa.

Hoy todos recuerdan el nombre y rostro de un hombre que buscaba la verdad. José Luis Cabezas sigue presente, ahora y siempre.

Homenaje a Cabezas – 25 de enero de 2018
Para conocer más recomdamos:
Emotiva carta de la hermana de José Luis Cabezas – Artículo del portal Crónica
“Sacarme una foto mía es como pegarme un tiro en la frente» – Artículo del portal Archivos de los Medios
Yabrán se suicidó en el baño de una de sus estancias – Nota del portal de Diario Clarín
La muerte de Cabezas, contada en primera persona por su compañero – Nota del portal del diario La Nación
La escalofriante crónica de la muerte de José Luis Cabezas, a 15 años de su asesinato – Artículo del portal MDZ
Adelanto de “Cabezas”, de Gabriel Michi – Artículo del portal Periodismo.com
José Luis Cabezas – búsqueda en el portal La Izquierda Diario

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