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La CONADEP entrega su informe a Raúl Alfonsín

En el marco de una investigación que buscaba la verdad y justicia, la Comisión Nacional por la Desaparición de Personas (CONADEP) entrega su informe al entonces presidente Raúl Alfonsín. Así comenzaba una etapa donde la memoria activa y el pueblo argentino gritarían “¡Nunca Más!”.

La sociedad Argentina todavía lamentaba y sentía la herida de una dictadura impulsada por la sociedad civil, la iglesia católica y militares levantados. Un proceso que utilizó la fuerza del Estado que trató de desmembrar la libertad de pensamiento y la lucha por derechos, en su cometido desaparecieron, encarcelaron y asesinaron sistematicamente a cualquiera que no comulgue con el pensamiento del Gobierno de facto.

Ese era el pensamiento que se hizo palabra en la voz de Saint Jean, gobernador de la Provincia de Buenos Aires durante la dictadura:

“Primero mataremos a todos los subversivos, luego mataremos a sus colaboradores, después a sus simpatizantes, enseguida a aquellos que permanecen indiferentes y, finalmente, mataremos a los tímidos”.

Saint Jean, 1977 – durante una cena de oficiales

La llegada de Alfonsín al gobierno suponía una nueva etapa en el país, así fue cuando se creó la CONADEP, que se encargó de realizar investigaciones, recolectar testimonios, pruebas. El informe fue entregado al presidente el 20 de septiembre de 1984.

El terrorismo de Estado quedaba radiografiado de una vez y para siempre, con el espeluznante recuento de más de 300 centros clandestinos de detención y un saldo de 8.961 personas desaparecidas (aunque los organismos de derechos humanos estiman la cifra en 30 mil y se comprobaron nuevos casos en los años posteriores). La mitad de los desaparecidos eran obreros y estudiantes, y casi un 60 por ciento de las víctimas tenía entre 21 y 30 años.

A continuación el prólogo del informe de CONADEP

Nuestra Comisión no fue instituida para juzgar, pues para eso están los jueces constitucionales, sino para indagar la suerte de los desaparecidos en el curso de estos años aciagos de la vida nacional. Pero, después de haber recibido varios miles de declaraciones y testimonios, de haber verificado o determinado la existencia de cientos de lugares clandestinos de detención y de acumular más de cincuenta mil páginas documentales, tenemos la certidumbre de que la dictadura militar produjo la más grande tragedia de nuestra historia, y la más salvaje. Y, si bien debemos esperar de la justicia la palabra definitiva, no podemos callar ante lo que hemos oído, leído y registrado; todo lo cual va mucho más allá de lo que pueda considerarse como delictivo para alcanzar la tenebrosa categoría de los crímenes de lesa humanidad. Con la técnica de la desaparición y sus consecuencias, todos los principios éticos que las grandes religiones y las más elevadas filosofías erigieron a lo largo de milenios de sufrimientos y calamidades fueron pisoteados y bárbaramente desconocidos.

(…)

Las grandes calamidades son siempre aleccionadoras, y sin duda el más terrible drama que en toda su historia sufrió la Nación durante el período que duró la dictadura militar iniciada en marzo de 1976 servirá para hacernos comprender que únicamente la democracia es capaz de preservar a un pueblo de semejante horror, que sólo ella puede mantener y salvar los sagrados y esenciales derechos de la criatura humana. Únicamente así podremos estar seguros de que NUNCA MÁS en nuestra patria se repetirán hechos que nos han hecho trágicamente famosos en el mundo civilizado.

Fuente: Nunca Más, informe de la Comisión Nacional sobre las Desapariciones de Personas (CONADEP), – Buenos Aires, EUDEBA, 1999.

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TVdoc.com.ar
El Historiador.com
Ámbito.com
Página 12

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