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LEYENDAS

La Leyenda de Martina Chapanay – La Robin Hood de San Juan

La historia de la sanjuanina Martina Chapanay es una complicada mezcla de realidad y ficción. Si bien ella existió, no está probado que todos los hechos que se le atribuyen hayan sucedido. La leyenda indica que esta mujer, mitad india y mitad blanca, hacía lo mismo que Robin Hood, robaba a lo ricos para favorecer a los pobres, pero en esta parte del mundo.

Martina era hija del Juan Chapanay, las crónicas afirman que era un Toba, y de una mujer blanca, Teodora González. Cuando era niña su madre murió y su padre, muy acongojado, la entregó a una mujer en Ullum que la educaría a cambio de trabajar en su casa. En este pueblo Martina conoció a Cruz Cuero, un bandolero de muy mala fama, de quien se enamoró y huyó con él. Así comenzaría su leyenda al lado de Facundo Quiroga, el Chacho Peñaloza y Felipe Varela. Por su faceta luchadora se ganó el mote de «marimacho» en un contexto conservador donde la mujer nunca montaría a caballo, no pensaría en pelear codo a codo con los hombres, nunca disparía un arma, no concebía la idea de ser independiente y decidida.

Contrapuntos sobre la vida gaucha de Chapanay

Son tantos los relatos y entredichos que varios autores han escrito su historia desde muchas perspecctivas, algunos se hablan de sus amores, otros de su lucha montonera, o sobre su lado bandolero, en algunos lugares de San Juan la recuerdan como un agente de la ley y protectora de los humildes. Donde si coinciden los historiadores es que Martina Chapanay lo único que tuvo de ‘macho’ fue ponerse a la altura de los hombres, rompiendo todos los estereotipos, ésta indomable mujer tenía por hogar el desierto sanjuanino y hasta las llanuras de Mendoza, La Rioja, San Luis, Catamarca y Tucumán.

El sanjuanino Pedro Desiderio Quiroga escribió que Martina se fue de San Juan con un enviado de Facundo Quiroga que reclutó alguna gente en la provincia para enviarla al Norte. Se transformó rápidamente en una guerrillera de caballería de óptima formación.

Combatió en Ciudadela, Tucumán, en 1831, a las órdenes de Quiroga. Volvió a San Juan más tarde y no encontró a su gente ya que había una total desestructuración del grupo campesino indígena, se los habían llevado a otras partes y muchos habían huido. Fue entonces, según este autor, cuando Martina se dedicó a robar.

El historiador Daniel Illanes escribió sobre Martina en su «Historia de San Juan».  «Aprendió destrezas entonces limitadas a los hombres. Sabía rastrear. La imagen que se instaló de ella fue la de una mujer travestida de ‘gaucho’. Aclaremos que no es excepcional ni extraño que las mujeres conocieran estas destrezas. Estaban prohibidas para ellas, que es otra cosa. Tuvo una tremenda rebeldía frente a su realidad social y frente a su posición ante el género», dice Illanes.

Su Vida de Bandolera y Rebelde

Luego de dejar la montonera de Quiroga, después de la muerte de éste, Martina se incorpora a la resistencia de Pie de Palo, transformándose en jefa de una banda de salteadores.
Illanes resume que Martina colaboró con Benavidez y Aldao, peleando en la batalla de Angaco y en el combate de La Chacarilla, contra las fuerzas unitarias del general Mariano Acha, en 1841. En 1850, aproximadamente, se dedicaba a trabajos de baqueana, y rastreadora, buscaba animales perdidos. «Dicen que los escondía para después buscarlos, para lo cual cobraba un rescate.  Se le inventó un romance con un gaucho imaginario llamado Cruz Cuero. A todas luces se ve que ese es un nombre imaginario, usado por Pedro Echagüe, un unitario, que al combinar las expresiones cruz y cuero, relaciona el nivel ideológico (cruz, catolicismo), con la producción (cuero), para caracterizar una época en dos palabras. Ideología novelada”, asegura el profesor en su libro.

Cuestión de Género

Illanes destaca a Martina como una mujer de una gran osadía sexual. “Raptó a un grandote en el Pueblo Viejo (Concepción), después de bolearle el caballo, y se lo llevó a Papagallos (Mendoza). Se robó vino, aguardiente y guitarra», según el autor, para celebrar.
Este profesor de Historia –fallecido en 2012-,  se refiere sin rodeos a la sexualidad de la Chapanay que tanto dio que hablar.  “Hugo Chumbita quiere dejar a Martina a resguardo de prejuicios homofóbicos y dice: ‘Lejos de las inclinaciones homosexuales que podrían hacer presumir sus hábitos varoniles, todo indica que Martina se sentía mujer, lo que no le impedía adoptar en el amor actitudes dominantes. En su vida aventurera no mantuvo relaciones estables de pareja, y no hay ningún dato que permita suponer que tuvo hijos’”.

Illanes analiza: «Lo que dice Chumbita es absurdo y anticuado. Una mujer bisexual u homosexual, se siente mujer aunque se sienta atraída por personas de su mismo sexo. Y además, es ridículo pensar que una mujer dedicada a acciones militares irregulares, y a acciones de bandidaje solitario o en banda, pudiera haber sido un ama de casa, reducida al dominio patriarcal. Toda lucha de la mujer, a escala genérica y a escala social, es una lucha contra el patriarcalismo, y en esa lucha está la apropiación de símbolos (como la ropa)”.
Y cierra: “Echagüe dice que la mató un puma, o que la picó una serpiente. Parece que murió en Mogna. Otros dicen que está enterrada en Zonda«.

Una Gaucha Única

Independiente, decidida, aguerrida. Así la describen los historiadores.

También escribió sobre Martina Fernando Mó en sus libros «Cosas de San Juan», con apoyo referencial en el libro de Echagüe, pero ampliando los aspectos de sus luchas federales.  termina confesando: «Cuando me decidí a escribir sobre Martina Chapanay no me atraía el personaje respecto del cual existen tan pocas referencias fidedignas, aunque suficientes para probar su existencia y desventuradas correrías. Sin embargo, al acercarme a la vida borrascosa de Martina he cobrado por ella simpatía(…) Sería mezquino no recordar que conquistó gran popularidad entre la soldadesca, el campesinado y también entre las familias cuyanas, particularmente de San Juan, donde hasta ahora suele apodarse Martina Chapanay a las mujeres mandonas y rebeldes».

José Casas, jachallero, sociólogo e investigador, también ha escrito sobre Martina en su libro «Mogna, el pueblo de la travesía». Casas refiere que después de muchas andanzas, Martina regresó a su pueblo y éste ya no existía, con el tiempo terminó refugiándose en Mogna donde existía aún el pueblo indio.
«Los gauchos rebeldes no podían ser bien tratados por la historiografía oficial. Pero así como se los detracta, también se trata de pintar un cuadro de arrepentimiento, de actos ‘de redención’, tal que podrían ser aceptados en la consideración social. Se teje una leyenda con respecto a Martina, en la cual, ya anciana, devuelve las joyas que un compinche suyo habría robado de la capilla de Mogna, como aparece en la novela de Echagüe, tratándola de hacer pasable para las clases ilustradas. Se dice que en sus últimos años colaboró con las autoridades, denunciado a los gauchos alzados, pero en realidad era vigilada y vista con desconfianza».

Luego la describe como «un personaje singular pero también fue un arquetipo de la travesía; como gaucho fue un rebelde propio de la época, como indio era característico que viva al borde de la civilización: es marginada y marginal a la vez. Y como mujer combatiente fue una excepción para su época”.

Casas la destaca como uno de los jinetes rebeldes de Chumbita, uno de los últimos indígenas gauchos que combatieron. Fue una de los últimos gauchos rebeldes de las montoneras; cuando estas fueron derrotadas, quedaron gauchos en las travesías como los últimos representantes de una época que terminaba con ellos, ya que después el gaucho se iría convirtiendo paulatinamente en obrero rural y ya en el siglo siguiente en obrero industrial urbano. Quedaban fuera de la sociedad civilizada, del país que se constituyó sobre la base de la dominación porteña y del poder de los terratenientes, analiza el Sociólogo.

“Fue la gaucha-gaucho, la mujer-hombre, arrojada y valiente. Fue la gaucha rebelde que se convirtió en mujer samaritana. Fue la gaucha cerril que se convirtió en santa gaucha. Fue el gaucho de la región andina y de la travesía.  Martina Chapanay fue expresión del valor y capacidad de la mujer de la travesía».

Fuente: https://goo.gl/cQjY7D

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