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La Leyenda del mono Carayá

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Es noticia, el pasado 25 de noviembre, este animal fue declarado Monumento Natural de Corrientes. Conozcan su leyenda aquí.

El mono carayá es una especie autóctona del Litoral. Una especie que convivió con los pueblos originarios y supieron adaptarse a la llegada de la modernidad, aprendiendo incluso a vivir en la ciudad. Un ejemplo claro de esto es la familia de monos que vive en el predio del Campus de la Facultad de Veterinaria de la Ciudad de Corrientes Capital.

Las autoridades dicen que de encontrarnos con uno en la calle o en casa, no hay que molestarlos, menos ofrecerles comida. Lo ideal es llamar a Flora y Fauna y ellos sabrán que hacer en tal situación.

Monos Carayá en la ciudad

Lo cierto es que durante el jueves 25 de noviembre, se aprobó el proyecto de protección a los primates autóctonos en la Cámara de Senadores de la provincia. A fines de septiembre se había logrado la media sanción en Diputados.

La autora del proyecto legislativo “Carayá Monumento Natural” es la Estación Biológica Corrientes (Ebco).

La Leyenda

Los guaraníes cuentan que Carayá era un joven de la tribu que vivía en las inmediaciones del Iberá. Le gustaba recorrer el monte todo el día, pero sufría un miedo extraordinario hacía las fieras como el yaguareté, el gato montés, el aguará y otros habitantes del monte.

Un día cansado de su condición, se decidió a superar ese inconveniente. Fue así que acudió al hechicero del grupo, Carayá quería que lo convirtiera en un animal parecido a esos que temía.

Quiero ser alguien al que nada le puedan hacer los yaguaretés, ni las víboras y los zorros. Quiero vivir en el monte como ellos, trepando a los árboles, saltando de rama en rama, comiendo las frutas que estén a mi alcance, sin que nadie me diga nada.

En medio de la emoción del pedido, se cree que también exclamó frente al hechicero:

Ah, si pudiera trepar siempre a los árboles. ¡Esa será mi mayor aventura!.

Bueno le respondió el hechicero. ¡Será lo que deseas! Y comenzó a pronunciar palabras entre dientes y quemó algunas hojas secas de una hierba del lugar, mezclada con hojas secas de tabaco.

Muy de a poco, casi sin darse cuenta, el joven indio comenzó a transformarse en un mono: Su piel se volvió dura, le empezó a crecer pelo y muy negro. La forma de su cabeza cambió, también su nariz, mientras que las manos adoptaron una forma especial. Sintió como veía las cosas desde abajo, pues se le acortaron las piernas y en cambio le creció una cola.

Su miedo no desapareció pero aprendió a aullar cuando veía el peligro de los depredadores del monte, incluso eso mismo ahuyentaba a los animales y advertía a los hombres. Todo mientras él miraba desde la seguridad de los árboles.

Y como si todo el mundo sabía lo que había pasado, en cuando vieron a ese extraño animal trepando por los árboles, los miembros de la tribu lo llamaron «Carayá», el gran mono aullador de los esteros.

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