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UN DÍA COMO HOY

Ley de Enseñanza Primaria en Corrientes

El 8 de abril de 1853 durante la gobernación del doctor Juan Gregorio Pujol, se dicta la Ley de Enseñanza Primaria. La misma establece la instalación gratuita, a cargo del Estado, de escuelas primarias y normales. Las escuelas primarias se instalan dos en cada Departamento, para ambos sexos, separados. Las escuelas normales, dos en la Capital, para la formación de preceptores.

LA OBRA EDUCACIONAL DE PUJOL

La provincia se había caracterizado -en los duros tiempos anteriores a 1852- por la dedicación de sus autoridades al problema importante de la instrucción pública. Cumplíase con ello un deber primordial en las sociedades cultas que aspiran a mayores destinos y, en cierto modo, la tradición de la colonia.

En efecto: las Actas Capitulares del Cabildo de Corrientes registran, desde el período inicial de la conquista, la preocupación de los miembros de su Sala por educar e instruir al elemento infantil, tanto a aquéllos que tenían padres y podían abonar la retribución establecida, cuanto a los huérfanos, cuyos padres caían en la lucha contra el indio y que la sociedad recompensaba, declarando a su costa la preparación del niño para la lucha de la vida.

Apenas clausurado el período azaroso, en Octubre de 1821, en que la instrucción fue a refugiarse en casas particulares y en las celdas de los conventos, los Gobiernos de la provincia buscaron consolidar los establecimientos existentes y reivindicaron para el Gobierno esa función civilizadora.

El proceso fue sucesivo. La Constitución de 1824 declaraba facultad del Poder Legislativo el dictar planes de enseñanza; la de 1838 establecía, entre los deberes sagrados del hombre, la de recibir instrucción; el proyecto de 1847 incluía -entre las causales que suspendían el ejercicio de la ciudadanía- la de no saber leer y escribir; y la Constitución de 1855/56, bajo el Gobierno del doctor Pujol, cerraba el ciclo con un artículo, cuyo texto terminante expresa:

“La instrucción primaria es obligatoria; los padres de familia están en el deber de hacer concurrir sus hijos a las escuelas y la Municipalidad en el de hacer efectiva esta disposición”.

Junto a esta obra constituyente, la diaria de los Gobiernos había organizado nuevos establecimientos de educación y hasta planeado una labor sistemática del asunto bajo la Administración progresista de Ferré (1840).

Y si bien los sacrificios de la guerra civil contra Rosas avallaron el empeño y hasta destruyeron el esfuerzo en el continuo desangrarse del noble pueblo, siempre floreció, junto a la proclama épica, el humilde decreto escolar, que sembraba y sembraba en las generaciones sucesivas el pan blanco de la instrucción que capacita.

El Gobierno reconstructivo del doctor Pujol se preocupó, de inmediato, del asunto, he inicia su obra con la Circular a los Comandantes Militares en los Departamentos, del 12 de Enero de 1853, reclamando datos para organizar un vasto plan de educación, que tendría por eje una Escuela Normal en la Ciudad de Corrientes.

Ella, al decir de la Nota, serviría de norma a las demás de la provincia y educaría a los que después habían de ser preceptores, notarios, jueces, etc. Pedíase el número de alumnos que concurrían a las escuelas, la idoneidad de los preceptores, el sueldo que se les abonaba y los métodos de enseñanza.

En posesión de los datos, proyectó el Poder Ejecutivo una ley de Instrucción Primaria y la elevó el 12 de Marzo de 1853 al Honorable Congreso, el que se apresura a considerarla.

El 9 de Abril de 1853, lo devolvía al Poder Ejecutivo, convertido en ley, con la única modificación del artículo 15, que se reformara en el sentido de la ley del 17 de Junio de 1847. Fue promulgada el 19 de Abril de 1853 por el gobernador, doctor Pujol.

La ley, inspirándose en los más sanos principios, establecía que:

 

* La Instrucción Primaria debía darse bajo la dirección del Estado a todos los habitantes que estuvieran en aptitud de recibirla;

* La declaraba gratuita;

* Dividía la Instrucción en elemental y normal (secundaria);

* Establecía escuelas elementales -una de varones y otra de niñas- en cada Departamento y dos Normales -de preceptores- en la Capital.

* Legislaba sobre los maestros, exigiendo condiciones de honestidad e idoneidad, debiendo estas últimas, a falta de diploma, justificarse con un examen ad hoc;

* Los exceptuaba del servicio militar;

* Establecía, a los diez años, el goce de una pensión mensual de la tercera parte de los haberes;

* Instituía premios anuales, según la consagración que acreditasen; etc.

* Colocaba las escuelas bajo inspección de Comisiones Departamentales, que dependían de un Consejo de Instrucción Pública, sito en la capital y cuyos miembros eran nombrados por el Poder Ejecutivo;

* Colocaba la enseñanza religiosa bajo la dirección de los párrocos.

* En cuanto a la parte económica, declara a cargo del Fisco tanto los honorarios de los maestros como el arriendo de los locales y los libros y útiles que se proveerían a los niños pobres.

La necesidad de preparar hombres útiles para el desempeño de las magistraturas de la provincia llevó al doctor Pujol a explorar la orientación de los establecimientos superiores de educación que existían en el país y zonas vecinas, excepto en Buenos Aires, separada de la Confederación.

Con Amado Bonpland hizo observar los de la República Oriental del Uruguay, sin quedar satisfecho de sus condiciones, por lo que se decide por el Colegio Superior que, en Córdoba, tenía a su cargo el doctor Eduardo Ramírez de Arellano.

Envió, con tal motivo y a costa del Erario Provincial, a algunos jóvenes de condiciones sobresalientes -Romero, Guastavino, Lagraña, Contreras y Lazcano-.

Su iniciativa, recogida por el Gobierno de la Confederación, que lo lleva a establecer cinco becas a cada una de las provincias para otros tantos jóvenes que fuesen a estudiar al Colegio de Monserrat de Córdoba, inspira el Acuerdo del Poder Ejecutivo Provincial del 29 de Agosto de 1854, en que se reglamentan las condiciones que habían de llenar los becados y se declaraba que la selección correspondiente, a base de la más absoluta igualdad, debía fundarse en la superioridad intelectual.

Buenos Aires se incorpora a esta política de acercamiento del elemento joven y también pone a disposición del Gobierno correntino dos becas para el Seminario Eclesiástico. El doctor Pujol aceptó la patriótica oferta, el 2 de Junio de 1855, y nombró a los agraciados.

Tuvo el doctor Pujol colaboradores eficaces en su obra educacional. Fue uno de los primeros el doctor José María Rolón nombrado, el 3 de Julio de 1854, Director del Colegio Argentino y de la Instrucción Primaria en toda la provincia.

Sustituía, en el primero de los cargos, a Eulogio Cabral, cuya renuncia aceptara el Poder Ejecutivo.

La Ley de las Municipalidades y la Constitución de 1855 ponían la Instrucción Primaria bajo la dependencia directa de las Municipalidades. La circunstancia imposibilitó al Director, doctor Rolón, y al Poder Ejecutivo, para el ejercicio de una acción eficaz y sostenida, de resultados inmediatos.

No obstante el esfuerzo fue fecundo y es así que el doctor Pujol pudo decir que la ardorosa solicitud del Director de Instrucción Primaria no había “encontrado obstáculos para llevar a cabo los pensamientos útiles a la mejora moral e intelectual de la juventud estudiosa”.

Durante la dirección del doctor Rolón se duplicó el número de preceptores; se duplicaron y hasta triplicaron los emolumentos; y se definieron, entre el elemento docente, algunos maestros que han merecido el recuerdo de la posteridad.

Fueron ellos recomendados por el Poder Ejecutivo, en su Mensaje a la consideración pública: José Eugenio Gómez, preceptor de la Escuela de Varones de Goya; y la señora de Calvo, preceptora del Colegio de Niñas de la misma ciudad; Justina Pintos, de San Cosme; Luis Marceaux e Isabel Noya, de la Capital.

En cuanto a lo material del propósito, se repararon los establecimientos que existían y se edificaron otros; se costeó la impresión de más de veinte mil ejemplares de las mejores obras destinadas a la educación primaria e instrucción moral y religiosa; y se habilitó gratis de papel, pizarras y demás útiles a los niños indigentes. En algunas escuelas, hasta se repartieron vestidos.

En Enero de 1857 presentó su renuncia de la Dirección de Instrucción Primaria el canónigo, doctor Rolón. Nombróse entonces, el 16 de Enero de 1857 y con iguales funciones, a Francisco Suárez.

El nuevo funcionario se apresuró a ponerse al tanto de la situación general de los establecimientos provinciales haciendo requerir, por intermedio del Poder Ejecutivo, una amplia información al respecto, el 28 de Enero de 1857 y en cuya Circular el doctor Pujol comunicaba el nombramiento de Suárez, ordenando que a él debían dirigirse en todo lo concerniente a la Instrucción Primaria.

La gestión de Suárez fue fecunda en iniciativas, revelando el pleno conocimiento del medio y de las tareas que se le habían encomendado. A él pertenece el pensamiento de poner a oposición los preceptorados de las escuelas públicas, que indicó en su Nota del 28 de Julio de 1857 al Poder Ejecutivo y que éste se apresura a aceptar, erigiendo un Tribunal correspondiente, compuesto por Miguel Antonio Ruiz y Pedro Matoso.

La creación de la Sociedad de Beneficencia, a cuyo cargo se puso la educación de la mujer en las escuelas de ese sexo, no excluyó la jurisdicción de Suárez, que interviene en la formación del Reglamento respectivo y en la dirección de los establecimientos.

Pero donde puede apreciarse, en su conjunto, la obra del Gobierno del doctor Pujol en lo que respecta a la Instrucción Primaria, es en el luminoso Informe que la Dirección ad hoc elevó al Poder Ejecutivo el 10 de Diciembre de 1857.

Revela el documento los elementos precarios con que debía desenvolverse la Instrucción Primaria. Rentas reducidas, escuelas con preceptores de instrucción elementalísima, falta de coordinación en los métodos de enseñanza por deficiencia en las inspecciones periódicas, malas condiciones de los edificios escolares, necesidad de recurrir a los vecindarios, demandando cooperación para las refacciones necesarias; etc.

Tales circunstancias hacían necesaria una reforma fundamentalmente completa, que sistematizara y reglamentara hasta el detalle y es así cómo la Dirección elevaba con su Nota un proyecto en el que se utilizaban los elementos existentes.

Eran éstos treinta y cuatro escuelas de varones con treinta y cinco preceptores, que educaban 1.784 niños, los que se instruían en lectura, escritura, religión y aritmética; y trece Escuelas de Niñas, con dieciséis preceptoras, con seiscientas cincuenta y tres alumnas, que aprendían a leer, escribir, religión y labores de manos.

En algunas escuelas se enseñaba, además, Gramática y Geografía y el “Catecismo Político” de Juan Gutiérrez González. Coexistían, junto a éstas, las escuelas de los conventos y algunas particulares.

La reforma Suárez, calcada sobre la Ley de Instrucción Primaria de 1853, cuyas disposiciones encomiaba en toda forma, consistía en tres Reglamentos detallados: el uno, se ocupaba de las Comisiones locales inspectoras de la enseñanza; el segundo, de los deberes de los preceptores y el método de clase; planes de estudios; etc.; y el tercero, regía la vida interior de las escuelas, horarios, distribución de servicio, etc.

La obra fue tan eficaz que el doctor Pujol pudo, en su Mensaje de 1858, lisonjearse de los resultados obtenidos y que, el de 1859 registró con la fundación de nuevos establecimientos, que llegaron al número de 63.

La Instrucción Secundaria, calculada a proveer de hombres capaces a las instituciones del país, fue también objeto de las preocupaciones del doctor Pujol.

Fracasado el proyecto de crear dos Escuelas Normales, establecidas por la ley de 1853, por la falta de maestros apto, se dedicó a perfeccionar el Colegio Argentino, obra de la Administración de Virasoro.

El rectorado del canónigo, doctor José María Rolón, a que hemos referido, fue fecundo. Bajo él se incorporaron a la enseñanza Miguel Antonio Romero y José Fouteneau, en las cátedras de Latinidad y Matemáticas, y Dibujo, respectivamente.

Pero habiendo renunciado el doctor Rolón, es sustituido -tanto en el Rectorado del Colegio Argentino como en la Dirección de Instrucción Secundaria- el 2 de Febrero de 1857, por Miguel Ruiz, que sistematiza la enseñanza en los cursos habilitados de Gramática Castellana y Latina, Filosofía, Matemáticas y Dibujo.

Contrató, también, este año de 1857, el doctor Pujol, el establecimiento de un Liceo, destinado a la educación de jóvenes pobres de los Departamentos que, con uno o dos años de aprendizaje podrían encontrarse aptos para el cargo de preceptores.

El contratante era el ciudadano Miguel Federico de García, cuya competencia había sido puesto de manifiesto en Norteamérica y Buenos Aires. La enseñanza de este Liceo debía comprender Lectura, Escritura, Contabilidad, Agrimensura, Gramática, Geografía, Cronología, Historia, Dibujo, Retórica epistolar, Religión y Pedagogía.

A estos efectos, en Circular del 12 de Enero de 1858 había solicitado de los Jueces de Paz, en los Departamentos, la remisión de jóvenes para educarlos en la Escuela Normal o Liceo, recomendando la selección de aquéllos de buenas costumbres y exponiendo que “la pobreza era una recomendación más”.

Desgraciadamente, García no pudo hacerse cargo de sus funciones, por lo que el doctor Pujol establece, a los jóvenes pedidos, en el Convento de San Francisco, el 1 de Mayo de 1858, en calidad de internos, bajo la dirección del Padre Guardián, fray Fernando Díez, organizando una Escuela Normal que debía prosperar.

Lo cierto es que en Enero de 1858 se fundó la primera Escuela Normal de Preceptores del país y por Circular se pidió a los Jueces de Paz de los pueblos del Interior el envío de jóvenes de 16 a 20 años para ingresar a esa escuela, debiendo buscarse en la selección a aquéllos que tengan “aptitudes, buenas costumbres e hijos de familias honradas. La pobreza es una recomendación más”.

La Escuela Normal funcionó en el Convento de San Francisco bajo la dirección de fray Bernardo Díez, ilustrado sacerdote de larga actuación en la provincia. En 1860 egresaron los primeros maestros.

Estaba a cargo de la enseñanza de Lectura, Escritura y Aritmética Mercantil, Feliciano López, a la sazón preceptor de la Escuela de Santo Domingo, y dirigía las clases de Gramática, Retórica, Geografía, Cronología e Historia el profesor Julián Martínez.

Completaron estas iniciativas varias otras disposiciones oportunas; la ley del 7 de Febrero de 1858, que creaba un Conservatorio de Música; el decreto del 28 de Junio, del mismo año, que abría a concurso la provisión de cátedras del Colegio Argentino; la adopción, por decreto del 24 de Enero de 1859, del Tratado de Puntuación del Inspector General, Francisco Suárez; etc.

Tal, a grandes líneas, la obra educacional del doctor Pujol.

 

 

OTROS HECHOS HISTÓRICOS

 

1600: El Cabildo de Corrientes dispone en esta fecha la construcción de un fuerte en las proximidades de las hoy llamadas calle 25 de Mayo y Avenida Costanera “General José de San Martín”, con el fin de defenderse de los continuos ataques de los indios abipones, guaycurúes, etcétera. Es que el Cabildo de Corrientes, dispuso la construcción de un fuerte en las proximidades del ex hospital “San Juan de Dios”, donde hoy está la Costanera, para evitar las incursiones peligrosas de los naturales, constituidos por abipones y guaycurúes que, según se cree, provenían del Chaco, y los payaguáes, que venían del Chaco paraguayo. Estas tribus cruzaban el Paraná en pequeñas balsas y canoas, principalmente en la zona que hoy se denomina Bañado Sur. El mismo Cabildo dispuso que ningún vecino saliese desarmado y al primer llamado deberían concurrir a reforzar las guardias permanentes.

 

1784: El marino español Félix de Azara, que recorrió el río Paraná, desde el Guayquiraró a Corrientes, da noticias de la vida que se realiza en las postas denominadas Esquina, Santa Lucía, Las Garzas, Ambrosio y la Comandancia de Empedrado, base de las futuras poblaciones.

 

1813: Corrientes auxilia con armas y ganado a los nativos de Misiones, amenazados con nuevas incursiones de los portugueses, conforme al pedido del gobernador Bernardo Pérez Planes. Las milicias misioneras se habían congregado en Yapeyú.

 

1823: El Cabildo dispuso el establecimiento de una Escuela de Latinidad, la que fue puesta bajo la dirección del maestro de artes Juan Paulino Cabral, egresado de Córdoba, quien ya había desempeñado iguales tareas en el Colegio Carolino de Asunción.

 

1863: Para dar cumplimiento a la Ley del 10 de Febrero, el gobernador Manuel Ignacio Lagraña firma el Decreto que dispone la fundación del pueblo de Alvear, en el Paso de Itaquí. El Artículo segundo del mismo, determina la transferencia de dos manzanas para plaza, Municipalidad y Juzgado.

 

1888: Se organizó en Esquina la Sociedad de Beneficencia de dicho pueblo. Su primera presidenta fue Matilde A. de García.

 

1904: Comenzó la demolición de la columna existente en la plaza 25 de Mayo, para poder abrir los cimientos del monumento al general José Francisco de San Martín. La referida columna había sido erigida en conmemoración a la Revolución de Mayo.

 

Fuente: Descubrir Corrientes

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