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EXPRESIONES POPULARES

Leyenda del otoño y el loro

Este 2021 el otoño empieza el 20 de marzo, por ello compartimos esta leyenda sobre la estación de las hojas caídas y el vientito fresco.

Recuperado de Las Abuelas nos cuentan

En Tierra del Fuego, en la tribu Sélknam habia un joven indio lIamado Kamshout, al que le gustaba hablar.

Le gustaba tanto, que cuando no tenia nada que decir -y eso era muy notable porque siempre encontraba tema- repetía las ultimas palabras que escuchaba de boca de otro.

-Me duele la panza – Le contaba un amigo.

-Claro, la panza -repetía Kamshout.

-Miremos este maravilloso cielo estrellado en silencio – Le sugería una amiga.

-Si, es cierto. Mirémoslo en silencio. iEs verdad! iEsta hermoso! Y es mucho mas linda así, cuando uno lo mira con la boca cerrada, (no es cierto? – respondía Kamshout.

-¡No quiero escuchar una palabra mas! -gritaba, de vez en cuando, el malhumorado cacique-. ¡En esta tribu hay indios que hablan demasiado!

-Una palabra mas; ¡demasiado! … -repetía Kamshout. Por su charlatanería, toda la tribu sintió su ausencia cuando un día, como todo joven, tuvo que partir.

Kamshout se ha ido a cumplir con los ritos de iniciación – comentaba alguno.

-¡Lo se! -respondía otro-. Ahora puedo oir cantar a los pájaros.

-Yo escucho mis pensamientos -decía alguien mas.

-Yo, el ruido de mi estomago -decía otra.

-Yo lo extraño -decía una. Pero enmudecía inmediatamente, ante las miradas de reprobación de los demás.

Y paso el tiempo. Tiempo de silencio y también de soledad.

Y Kamshout regreso. Y las aves al verlo emigraron porque, ¿para que cantar donde nadie puede escucharte? Kamshout regreso maravillado. No podía olvidar su viaje y repetía a quien quisiese oirle (pero mas a quien no) que en el Norte, los arboles cambian el color de sus hojas.

Les hablaba de primaveras y otoños. De hojas verdes, frescas, secándose lentamente hasta quedar doradas y crujientes. (Y los que lo oían imaginaban, tal vez, un pan recién sacado del fuego.)

De arboles desnudos. (Y los que lo escuchaban se horrorizaban de semejante desfachatez. ¡Sí sólo andaban desnudos animales y hombres!)

De paisajes dorados, amarillos y rojos. (Y los obligados oyentes miraban sus pinturas para poder imaginar mejor.)

De caminos hechos de hojas que crujían, coloreadas de dorado, amarillo y rojo, provenientes de arboles que se desnudaban. ¡Y semejante falsedad cerraba todas las posibilidades de imaginación! Porque era demasiado esa combinación de sensaciones y de mentiras.

Ya en la tribu, todos creían que Kamshout estaba inventando un poco. ¿Que era esa tontería de decir que los arboles no tienen
hojas eternamente verdes? ¿Qué quería decir «otoño»? ¿Quien iba a tragarse el cuento de que los arboles pierden su follaje y luego les brota otro nuevo?

El descreimiento general enojo a Kamshout. Lo enojó muchísimo. Muchísimo. Lo hizo poner colorado de odio, le salieron canas verdes.

Desesperado por convencerlos de que decía la verdad, Kamshout contó lo mismo infinitas veces, sin parar. Día y noche, sin parar. Segundo tras segundo, sin parar. Hasta que sus palabras se fueron encimando unas con otras y se convirtieron en un extraño sonido.

La tribu trataba de esquivarlo. Por hacerse los que no lo verían, por jugar a ignorarlo, no vieron, en serio, su prodigiosa transformación: Kamshout se convirtió en un loro gordo.

Recien lo notaron cuando escucharon que les hablaba desde los arboles. ¡Era él! ¡Ese pájaro era él! No había duda. Era su voz, que ahora solo decia: kerrhprrh, kerrhprrh* … hasta el cansancio.

Kamshout volaba sobre las hojas, y al rozarlas, las teñía del color de sus plumas. De pronto, una hoja cayo. Corrieron a verla, a levantarla. La palparon y la volvieron a dejar en el suelo. Entonces, la pisaron.

La hoja, matizada de dorado, amarillo, rojo, crujió bajo sus pies. -¡Es verdad! -dijeron-. ¡Todo era verdad! ¡Kamshout no nos mintió! Pero Kamshout no respondió. Se había ido muy lejos. Dicen que acompañado por su amiga y enamorada. La tribu quedó mas en silencio que nunca.

Recién en la primavera, cuando las hojas volvieron a cubrir las ramas erizadas de frío de los arboles desfachatadamente desnudos, volvió Kamshout, acompañado de su compañera y de sus hijos. Eso dicen algunos.

Otros dicen que los que vinieron eran solo un grupo de loros haciendo kerrhprrh sin cesar desde las copas de los árboles.

* kerrhprrh: loro; grito de esa ave.

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