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ESTILOS DE VIDA

Los Parrilla se juntaron para festejar su apellido

Más de 300 personas que llevan el apellido Parrilla se reunieron para compartir anécdotas respecto al significado de su nombre y al bullying que sufrieron desde chicos en un insólito evento en el que recibieron una recompensa por los malos momentos que vivieron.

«Fue una noche repleta de emociones y sobre todo de autenticidad donde cientos de Parrilla se encontraron y festejaron» contaron los asistentes que se reunieron en un local de comidas rápidas del barrio de Almagro.

Allí contaron los motes que recibieron durante su vida. Vicente de 84 años fue el Parrilla más grande de todos y Lucía la Parrilla más pequeña quien acaba de cumplir dos años esta semana, asistió al evento con su familia.

¿Cómo sería un fin de semana perfecto? Para muchos así: domingo, parrilla y campo. Y ahí estaban abrazados un jueves por la noche, por un lado Domingo Parrilla y por el otro Mariel, que se casó con un “Campo”, por lo que de corrido su nombre se lee “Mariel Parrilla de Campo”. Fueron unas 300 personas que, como si fueran una gran familia, se juntaron para reivindicar el apellido después de tantas cargadas sufridas en la escuela, la facultad y el trabajo.

“Vegano”; “Te pongo el chorizo”; “Cociname esta”; “Sos puro humo”; “Para cuándo el asado”. Años de soportar bromas, ahora tienen su retribución: como parte de una nueva campaña, una cadena de comida rapida les obsequió la oportunidad de comer gratis de por vida a todos los argentinos que se apellidan “Parrilla” y juntó a unas 300 personas para agasajarlas ¿El motivo? La marca utiliza la parrilla como método de cocción de sus hamburguesas. Tendrán que presentar el DNI en la caja y podrán comer gratis por mes. En total aseguran que existen unos 25.000 Parrilla distribuidos por todo el país.

Temprano, el primero en llegar fue Oscar, vestido con una remera naranja fosforescente, como para no pasar inadvertido. “Tenía hambre”, admite, pero también ganas de mostrar con orgullo su apellido: “Soy objeto de deseo. ¿Qué ponés en una parrilla? Comida. ¿Y a quién no le gusta comer? Por eso todos me quieren”, dice.

– ¿Es asador?

– Excelente y eximio.

– Si alguien le propone cocinar verduras entre sus fierros calientes ¿Se puede?

– En mi parrilla eso está prohibido.

Clarísimo, como la luz que irradia esa remera.

Cerca de Oscar está Ezequiel, que en sus brazos tiene al más pequeño de los Parrilla del encuentro, Ramiro, que acaba de cumplir dos años y al que todos allí llaman “el heredero”. El padre cuenta que cuando le contaron de la movida creyó que era mentira. “Pensé que era broma, una de las tantas que me fumé durante mi vida, pero al final no, era cierto”, cuenta y agrega una anécdota: “Cuando conocí al hijo de mi mujer le dije que a mi todas las parrillas del país me pagaban 50 centavos por día y que por eso era millonario. Bueno, no seré millonario pero tengo una hamburguesa gratis, algo que los González no tienen”.

Claro: los González fueron los que ahora sufrieron las cargadas: “El que no salta es un González, el que no salta es un González”, cantaban como si estuvieran en la popular. “Ese apellido acá está prohibido”, decía Jorge, que hasta con muletas fue hasta el local: “Me tienen que operar dentro de poco, pero este festejo no me lo perdía ni loco”, cuenta “Parri”, como lo llaman sus amigos.

Mientras tanto, Susana iba de un lugar al otro y hablaba con todos: su objetivo principal ahí era el de encontrar algún familiar lejano. “En mi círculo más cercano perdí toda relación con los Parrilla, quiero saber si acá habrá alguien con el que esté relacionada”, comentaba. Fue de las últimas en irse, no encontró lo que buscaba, pero sí se llevó decenas de teléfonos de nuevas amistades: “Los Parrilla venimos de Calabria, en Italia, y de Castilla, en España. Yo buscaba descendientes de un pueblito italiano, pero no hay nadie, una lástima”.

Cerca de las 9 de la noche se dio un encuentro que parecía orquestado. Mariel Parrilla de Campo charlaba con Domingo Parrilla mientras comían hamburguesas: “Ustedes juntos son un fin de semana perfecto”, opinaba otro que los escuchó hablar. “Al fin nos devuelven un poco después de tanto sufrimiento. Esto es un mimo a las cargadas que recibimos de chicos», decía ella harta de ser el foco de los chistes fáciles: “El otro día fui hacer un trámite y el que me atendió se llamaba ‘Bueno’ de apellido. Estaba indignado cuando le conté de mi beneficio. Me preguntaba si a él le darían el Premio Nobel de la Paz”.

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