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HISTORIAS Y MITOS

¿Quién duerme contigo?

Existió una pensión en cercanias del Parque Mitre que guarda una historia que muchos residentes han vivido en carne propia, trayendo las peores pesadillas a quienes incluso no creían en fantasmas.

Los relatos coinciden y dan una certeza de como terminó la vida de su antiguo dueño. Katy F., vivió en una pensión ubicada en calle Uruguay, a pasos de la Facultad de Medicina, donde a penas estuvo dos meses, pues lo que pasaba en su habitación la asustó a mas no poder.

Cuando se mudó las cosas parecían normales, incluso favorables, ya que encontró un lugar cerca de la facultad y se ahorraría unos pesos al no tener que gastar en transporte público como lo hacía cuando vivía en la zona del Hospital Vidal. Pasaron los días y todo iba normal, entre las clases y reuniones con sus compañeros de estudio, su pensión era el mejor lugar para hacer los trabajos prácticos. Sus vecinos eran amables, incluso la invitaban para reunirse a jugar a las cartas o ver películas entre todos.

Unas semanas despues todos empezaron a ponerse ansiosos pues se acercaba un viernes que caía feriado y la Universidad no iba a tener actividad, todos aprovecharían para viajar a visitar a sus familias. Katy decidió no hacerlo, el lunes por la mañana tendría un parcial y debía estudiar. El jueves por la tarde habían viajado casi todos en la pensión.

Esa noche Katy volvió tarde de clases y llegó con unos compañeros a repasar para el parcial, era la primera vez que la pensión estaba tan silenciosa, incluso se sentía frío en ese pasillo donde cada puerta era una habitación. Cansados de estudiar, sus compañeros se fueron, Katy decidió preparar algo de comer. Mientras cortaba unas verduras escuchó que alguien abria la puerta principal, «seguro es alguno de los chicos» pensó. Luego escuchó los pasos por el pasillo y una tos seca, hasta que el sonido se detuvo en su puerta. No le dió importancia hasta que sintió una brisa fría que paso por su espalda.

Mientras Katy cenaba y leía sus apuntes escuchó una tos seca donde estaba su cama, pegó un grito y salto de su silla. No habia nadie más que ella. Antes de pensar en cualquier cosa, encendió su radio y puso música para distraerse.

El viernes por la mañana la pensión ya estaba vacía, solo quedaba Katy. El sol estaba presente pero hacía frío en la pensión, así que aprovechó para ir a tomar unos mates con sus amigas al Parque Mitre. Allí contó lo que pasó la noche anterior, «estabas cansada no más» le dijo una amiga, «no le des importancia», pero otra le dijo «lo mejor es que no estes sola, si te obsesionas va a ser peor, esas cosas se alimentan del miedo». Katy no supo que responder pues nunca había pasado por algo así.

Cuando cayó el sol, el grupo de amigas volvió a la pensión, donde cocinaron. Unas pizzas eran la mejor opción, «comida tipica de estudiantes y de tortuga ninja» dijo una de las chicas. Mientras se reían del chiste la tensión eléctrica bajó y todo quedó a oscuras por un momento, la radio directamente se apagó y todas quedaron en silencio. En ese instante escucharon unos pasos en el pasillo, la puerta que daba a mini-departamento estaba abierta, nadie dijo nada mientras sentían como se acercaban esos pasos. Un solo grito se escuchó cuando el encargado de la pensión se asomó por la puerta, era Ramón, que vivía a media cuadra.

«Vine a mirar la pensión, uno de los chicos me contó que todos se iban a sus pagos. Tengo que asegurarme que esté todo en orden, puertas y ventanas, chaque los ladrones». Ramón se disculpó por el susto y siguió recorriendo el pasillo hasta llegar al patio compartido. «Ese es el hijo del antiguo dueño de la pensión, antes él y su familia vivían acá», comentó una amiga de Katy, quien había escuchado comentarios de esa pensión.

«No sabia, pense que ellos habian construido la pensión directamente», contestó Katy, pensativa sobre la historia de la casa. Una de sus amigas volvió a encender la radio y las cosas siguieron como si no hubiese ocurrido nada, cenaron y se sentaron a charlar. Para pesar de Katy, el tema de conversación era «fantasmas».

Esa noche apenas pudo dormir, la historia de la pensión la tenía pensativa «¿pasó algo aquí?, ¿quién o qué es lo que camina por el pasilllo?» se preguntó mientras trataba de pensar en otra cosa. Llegó la mañana pero se levantó cansada, ella juraba oir, a lo lejos mientras dormía, que alguien caminaba por el pasillo de la pensión. Era sábado y Katy finalmente estaba sola en ese lugar.

«Si me obsesiono es peor, mejor me concentro en el parcial del lunes», se decía a si misma para olvidarse de las historias de fantasmas que escuchó la noche anterior. Se acercaba el mediodía y las ganas de almorzar también, Katy estaba leyendo cuando volvió a escuchar que la puerta principal se abrio. Trató de no asustarse y preguntó a viva voz «¿¡Quién es!?». Pasaron unos segundos y los pasos volvieron a escucharse, entonces volvió a preguntar «¿quién es?» con un poco de inseguridad en la voz. «Hola Katy, soy Ramón» se escuchó desde el pasillo mientras avanzaba.

Abrió su puerta y Ramón ya estaba cerca. «Vine a arreglar la canilla del lavadero, anoche estaba perdiendo agua. Ninguno de tus vecinos me avisó pero despues se quejan de que viene mucho en la boleta». Katy lo saludo y le dijo que no sabía de la gotera; su inquietud le ganó y preguntó «¿usted vivía antes en la pensión?». «Sí, acá nos criamos con mis hermanos. Mis viejos se quedaron después que cada uno hizo su vida», de a poco se aclaraban las dudas sobre el lugar. «¿Y hace cuanto que funciona como pensión?» siguió indagando, «hace siete años, despues que murió mi papá. Estaba muy enfermo y gastamos mucho dinero en su tratamiento… por eso decidimos alquilar aquí, para recuperarnos».

El mate estaba en su mesa, cuando Katy percibió que la conversación se tornaba reveladora, se apuró en convidar a Ramón. «¡Justo me hacía falta un mate!» replicó contento el encargado. «¿Qué tenía tu papá? Si se puede saber…», ella no era buena para hablar de esos temas pero fue respondida. «Tenía cancer, empezó con un enfisema pulmonar. Nunca dejó el cigarrillo hasta que le diagnosticaron el cancer. Todavía me acuerdo de su tos, siempre le dijimos que el cigarrillo lo iba a matar…»

Los ojos de Katy se abrieron sorprendidos mientras Ramón continuaba «incluso enfermo se animaba a fumar, a esa alturas lo hacia en su cama. Mi mamá ya había fallecido así que nadie lo podía retar». Un mate más y luego el «gracias» característico, Ramón se despidió, debía arreglar esa canilla y volver a su casa pues su familia lo esperaba para el almuerzo. La puerta se cerró y Katy se sentó frente a sus apuntes pensando en lo que escuchó «¿Aquel hombre murió acá?, ¿fumaba en la cama?».

El día se pasó entre mates y apuntes, lo que le habían contado «era un buena anécdota», pensaba. «Pero es sábado y los sábados se sale con los amigos»; las amigas de Katy estaban de vuelta en la pensión, se preparaban para salir a divertirse un poco. La charla recurrente fue el «fantasma de Katy» según una de las chicas, a lo que la anfitriona comentó sobre la conversación que tuvo con Ramón al mediodía. «Sí, es verdad, todos saben de Don José, ese hombre murió acá hace mucho» comentó una del grupo. La charla terminó de golpe, el taxi había llegado y debían ir al centro de la ciudad, un compañero de curso festejaba su cumpleaños.

La noche terminó y Katy llegó con una amiga a la pensión, se quedó a pasar la noche pues aprovecharían el domingo para continuar repasando para el parcial. Ese colchón extra que consiguió la hacía la anfitriona perfecta, siempre se lo dijeron sus amigos. Una vez preparado todo, apagaron la luz y se fueron a dormir.

«¡Katy!… ¡Katy!» se escuchó en la oscuridad, la invitada estaba nerviosa y Katy se despertó rápidamente. «¿Escuchas?… hay alguien en el pasillo…».

La luz no se encendió y Katy ya despierta no pudo evitar escuchar los pasos, «es verdad, ese hombre sigue en la pensión» susurró su amiga. Los pasos se detuvieron justo en su puerta y un olor a humo de cigarrillo inundó la habitación, de pronto ambas vieron como un punto rojo se encendía en la cama, iluminando el rostro de un hombre. Ninguna pudo gritar, estaban paralizadas del miedo en esa habitación donde lo único que se veía era esa luz roja, ese rostro y el humo de cigarrillo que se impregnaba en el cabello.

Fueron segundos pero pareció una eternidad, la luz roja se atenuó y se escuchó una fuerte tos. Las chicas gritaron y casi de forma instintiva Katy saltó sobre el interruptor para encender la luz. Estaban solas, ambas se miraron en silencio sin saber que decir. No había humo pero el olor era intenso, «¿Qué fue eso…?» se animó a preguntar Katy, su amiga se levantó rapidamente a  buscar una escoba, la pasó por debajo de la cama. «¿Qué haces?» preguntó Katy, «busco el cigarrillo o las cenizas, esa cosa fue de verdad» respondió su amiga. No encontraron nada pero con la escoba en la mano se animaron a abrir la puerta y verificar que no había nadie en el pasillo. Revisaron la puerta principal, estaba con llave tal como la dejaron cuando volvieron de su salida.

Finalmente después de meditarlo, intentaron dormir, esta vez, con la luz y la radio encendida. Muy temprano, ese domingo por la mañana, se levantaron a desayunar y a preparase para estudiar, pero antes Katy dijo, «ya vuelvo, voy a comprar el diario», su amiga la acompañó, no quería quedarse sola despues de esa aparición.

Al regreso Katy separó la sección «clasificados» del diario y comentó «mañana despues del parcial, acompañame a mirar donde me puedo mudar…», su amiga asintió y le pasó un marcador amarillo para que no se olvide de ningún lugar. La radio volvió a encenderse y no se apagó más hasta el otro día al igual que la luz de esa habitación.

«Sábado de salida! :3»

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