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Rosas designado como gobernador de Buenos Aires

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Un hombre respetado y también odiado a lo largo de la historia argentina, empezaba su paso por la vida política y social de un país convulsionado luego de la emancipación de España.

La confianza del campo

Venido de una de las familias más influyentes de Buenos Aires, dueña de extensos campos y con poderío monetario, junto a varios apellidos más, igual de desequilibrantes en cuestiones políticas; Juan Manuel de Rosas era un estanciero reconocido que todos respetaban.

Rosas fue participe de la defensa de Buenos Aires ante las invasiones inglesas pero luego de los sucesos se relegó en las tareas de campo. Los hechos previos y posteriores a la Revolución de Mayo de 1810 no fueron de su incumbencia, incluso él afirmaba que «En los tiempos anteriores a la revolución la subordinación estaba bien puesta, sobraban recursos y había unión».

Luego de su casamiento con Encarnación Ezcurra en 1813, Rosas arma sociedad con Juan Nepomuceno Terrero y Luis Dorrego, con quienes dirigió una empresa dedicada a la explotación ganadera, saladero de pescado y la exportación de productos varios en la estancia «Los Cerrillos».

En esta vida dedicada al campo Rosas se propuso crear lazos con los trabajadores de sus estancias, asimilando costumbres, ganando la confianza de ellos. «Me propuse adquirir esa influencia a toda costa; para ello fue preciso hacerme gaucho como ellos, protegerlos, hacerme su apoderado, cuidar de sus intereses, en fin no ahorrar trabajo ni medios para adquirir más su confianza.» La influencia de Rosas sobre los campesinos era innegable, él era parte de ellos y los protegía.

Punto de quiebre

La vida de Rosas empezó a tomar un giro hacia la política luego de la caída del Directorio en 1820. Apoyó e impulsó la candidatura de Martín Rodríguez como gobernador de Buenos Aires. Participó activamente en el Pacto de Benegas entre Santa Fe y Buenos Aires y se hizo cargo de entregarle al caudillo santafecino, Estanislao López, 30.000 cabezas de ganado.

En una Argentina en formación, los conflictos entre líderes políticos y militares iniciaron una guerra civil que empujó a todos a tomas las armas. La derrocación de Dorrego y posterior fusilamiento a manos de Lavalle, hicieron que Rosas de un paso hacia adelante y se involucre aún más.

Luego de este episodio, Lavalle marcha hacia Santa Fe para encontrarse con Paz, pero es derrotado en Puente de Márquez por las fuerzas aliadas de López y Juan Manuel de Rosas.

Lavalle firma entonces con Rosas el pacto de Cañuelas, que nombra como gobernador interino de Buenos Aires a Viamonte y convoca a una reunión de la sala de representantes porteña para elegir el gobernante definitivo.

Un nuevo capítulo

La reunión se llevó a cabo el 8 de diciembre de 1829 donde los representantes de la sala porteña decidieron que Juan Manuel de Rosas sea el gobernador de Buenos Aires. Desde entonces hasta su caída, en 1852, -con excepción de un período de poco más de dos años entre 1832 y 1835- Rosas retendrá el poder en forma autoritaria y ejercerá una gran influencia sobre el resto del país, al estar a cargo de la conducción de las relaciones exteriores de la Confederación.

Un gran detalle de su gestión fue la de negarse a la organización nacional y a la sanción de una Constitución. Las provincias exigían un cambio de paradigma con respecto a las ganancias productos de la exportaciones del puerto de Buenos Aires. Aunque muchos productos se provenían del interior del territorio, la mayor parte de la recaudación quedaba en las arcas porteñas.

Ceder a los pedidos hubiera significado el reparto de las rentas aduaneras con el resto del país y la pérdida de la hegemonía porteña. A partir de 1851, Justo José de Urquiza, su ex aliado, decidió enfrentarse al gobierno bonaerense y alistó a sus hombres en el llamado Ejército Grande. Avanzó sobre Buenos Aires y derrotó a Rosas en la Batalla de Caseros, el 3 de febrero de 1852.

En el aspecto económico, la gestión de Rosas fue exitosa al bajar el gasto público y aumentar los impuestos, ello produjo una recuperación luego de los gastos de las varias campañas militares a los largo del territorio. Las relaciones exteriores de la Confederación estaban a cargo de Rosas, de esta función se realizaron varias misiones económicas con otros países pero las ganancias solo beneficiaban a Buenos Aires, lo cual enojaba a las gobernaciones de provincias como Corrientes o Entre Ríos, que incluso tenían vetada la posibilidad de comerciar con el exterior, el uso comercial del Río Paraná estaba vetado.

Podríamos seguir enumerando las diferentes decisiones de Rosas y cuales fueron las consecuencias de estas y como a partir de ella se configuraba una oposición y consenso muy demarcados, desembocando en su propia caída. Pero todo eso es parte de otro artículo dedicado.

Para conocer más recomendamos:
Juan Manuel de Rosas – Artículo del portal El Historiador
Juan Manuel de Rosas y la organización nacional – Ibídem

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