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LEYENDAS

Rusia: Matrioska y el carpintero

Cuando pensamos en Rusia de seguro que lo primero que se nos viene a la cabeza son las muñecas Matrioskas. Estas son un representación de la femineidad, la fertilidad y la familia. Con este cuento ruso se explica su origen.

La historia a demolido un mito pues las populares muñecas rusas en realidad tienen un origen japones. Los historiadores dicen que llegaron a las tierras siberianas a finales del siglo XIX (1890 aprox.) como una curiosidad en forma de juguete. Este representaba a Fukurokuju, el dios de la sabiduría y la suerte, un hombre longevo y sabio. Su cabeza era casi tan grande como su cuerpo, por lo que se puede explicar que sea moldeado en una sola pieza, tal cual la matrioska.
Los comerciantes rusos decidieron adaptar el juguete a su cultura y se convirtió en una mujer y fue sinónimo de fertilidad, femineidad y familia. Luego los poemas, los cuentos y las leyendas surgirían, otorgando esa pertenencia a la cultura rusa.

Cuento de Dimiter Inkiov – La leyenda de la muñeca Matrioska

Érase una vez , un viejo carpintero ruso llamado Serguei.

El viejo Serguei, fabricaba preciosos objetos de madera: silbatos, juguetes, instrumentos musicales… Para ello, todas las semanas, salía a buscar buena madera al bosque para su trabajo.

Aquella noche había nevado mucho, pero con los primeros rayos de sol de la mañana, nuestro amigo salió esperando tener fortuna y encontrar un buen tronco con el que poder trabajar la madera. Pero sólo encontró viejos trozos de madera húmedos y pequeños, que con suerte solo podían servirle para calentarse al fuego.

Cuando iba a retirarse rendido por el cansancio, algo llamó su atención: un bulto grande sobresalía sobre la nieve. Al agacharse, vio el más hermoso de los troncos que nunca había recogido, de una maravillosa madera blanquecina. Serguei tomó fuerzas y recogió el tronco, que transportó hasta su casa. Tomó aquel tronco como el mayor de los tesoros y pensó que debía valer para hacer algo muy especial.

Pasó días y noches sin dormir, hasta que por fin se le ocurrió hacer una muñeca con la madera y así lo hizo. Cuando terminó, estaba tan orgulloso de su trabajo, que decidió no ponerla en venta. Se sentía muy solo y aquel pequeño objeto lo acompañaba en su soledad.

-Te llamaré “Matrioska”- dijo a la pequeña muñeca.

Cada mañana, Serguei se levantaba y saludaba a su amiga:

-Buenos días, Matrioska. Hasta que un día, la Matrioska contestó:

-Buenos días, Serguei. -Serguei se quedó muy impresionado y volvió a responder:

-Buenos días, Matrioska.

El viejo carpintero se sentía muy afortunado de tener alguien con quien conversar en su soledad. Pero Matrioska solo hablaba cuando los dos estaban solos.

Un día, Matrioska se levantó muy triste. Serguei, que lo había notado, preguntó:

– ¿Qué te pasa, mi querida Matrioska?

– ¡Que no es justo!

– ¿El qué?- contestó el carpintero.

– Cada mañana me levanto y veo a la osa con sus oseznos, a la perra con sus perritos… incluso tú me tienes a mí. Yo querría tener una hijita- contestó la Matrioska.

– Pero entonces -le dijo Serguei- tendría que abrirte y sacar madera de ti, y eso sería doloroso.

-Ya sabes que en la vida las cosas importantes siempre suponen pequeños sacrificios- contestó la bella Matrioska.

Y así fue como el carpintero abrió a su pequeña muñeca y de ella extrajo madera de su interior, para crear una muñequita más pequeña pero exactamente igual a ella, a la que llamó Trioska.

Desde aquel día, todas las mañanas saludaba:

– Buenos días Matrioska, buenos días “Trioska”.

– Buenos días, Serguei- respondían al unísono.

Muy pronto ocurrió que Trioska también sintió la necesidad de ser madre. Así, el viejo Serguei volvió a repetir el proceso y de ella sacó otra muñeca exacta a ella pero más pequeña a la que llamó “Oska”.

Al cabo de un tiempo, también el instinto maternal se despertó en Oska, que rogó a Serguei que la hiciera madre. Al abrir a Oska, se dio cuenta de que sólo quedaba un mínimo trozo de madera. Sólo una muñeca más podría realizarse.

Entonces, el viejo carpintero tuvo una gran idea. Fabricó un diminuto muñeco y antes de terminarlo, le pintó unos grandes bigotes. Cuando lo hubo terminado, lo puso delante del espejo y le dijo:

– Mira , “Ka”,… Tú tienes bigotes. Eres un hombre. Por tanto, no puedes tener un hijo o una hija dentro de ti.

Después abrió a Oska. Puso a Ka dentro de Oska. Cerró a Oska, abrió a Trioska. Puso a Oska dentro de Trioska. Cerró a Trioska, abrió a Matrioska. Puso a Trioska dentro de Matrioska y cerró a Matrioska. Un día, Matrioska desapareció misteriosamente de la casa de Serguei.

Si alguna vez encontráis a Mastrioska, Trioska y Oska y en su interior, al pequeño Ka, no dudéis en darles cariño.

Para conocer más recomendamos:
Cuál es la historia de la matrioska, las muñecas rusas – Artículo del portal Un Como
Biografía de Dimiter Inkiow – Bumbablog
Una Leyenda de la muñeca rusa MATRIOSKA – Artículo del sitio Svetlana Mallorca
Fukurokuju – Enciclopedia Británica

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