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NOTAS ESPECIALES UN DÍA COMO HOY

Sputnik II: el viaje de Laika

En plena Guerra Fría las potencias en pugna, Estados Unidos y La Unión Soviética (hoy Rusia), competían no solo armamentisticamente sino también por quien conquistaba la última frontera, el espacio exterior.

La sombra de la guerra

Luego de aparición de la tecnología para crear armas de destrucción masiva como las bombas atómicas (recordar las detonaciones en Nagasaki y Hiroshima), la idea de una Tercer Guerra Mundial era sinónimo de la desaparición de la humanidad. Las potencias económicas y armamentisticas post Segunda Guerra Mundial eran Estados Unidos y la Unión Soviética (URSS). Estas naciones con pensamientos político-económicos contrapuestos se disputaban prácticamente al mundo entero.

En América Latina se impulsaron, financiaron y planearon golpes de estado por parte de la Agencia de Inteligencia (CIA) de Estados Unidos, mientras que desde la URSS también partían emisarios que llevaban las ideas comunistas a regiones como Cuba. El fuego solo necesitaba un chispazo para desatarse.

La nueva frontera

Pero en caso de un conflicto ¿cómo hacer llegar bombas desde la URSS hasta EE.UU. y viceversa? Esa idea era una cuestión que se resolvería con los cohetes intercontinentales, los cuales tienen la potencia para llevar una ojiva nuclear desde un continente a otro. La destrucciòn de la vida como la conocemos era inminente.

Pero hasta ese momento las fricciones entre las naciones eran diplomáticas, siempre con una amenaza latente de guerra. Para persuadirse entre sí, se experimentaba con nuevas tecnologías y armas más destructivas. Pero lo que significaba una conquista era llegar al espacio exterior. Los cohetes, la tecnología y el conocimiento de una nación podrían ser capaces de reutilizar todo ese poder destructivo para ir más allá: al espacio y porque no, la Luna.

Así comenzaría una carrera espacial y así es como aparece Laika, una perrita sovietica, que se convirtió en el primer ser vivo en orbitar la Tierra.

Laika, vuelve a casa…

 

El lanzamiento del primer Sputnik, en octubre de 1957 no fue anunciado como un acontecimiento excepcional. Apenas mereció una modesta columna arrinconada en la primera página de Pravda, bajo el inicuo titular “Informe de TASS”.

En occidente la cosa era distinta: ¡Los sovieticos tenían la tecnología para lanzar un cohete intercontinental!

A los pocos días del lanzamiento, Serguéi Korolev, el anónimo padre del Sputnik, fue recibido por Kruschev,  primer secretario del Partido Comunista de la Unión Soviética,  quien le hizo una petición sorprendente: “Sergei Pavlovich: Nunca creímos que pudieras lanzar un Sputnik antes que los americanos. Pero lo hiciste. Ahora, por favor, lanza algo nuevo al espacio para celebrar en próximo aniversario de nuestra revolución”. Sería en noviembre. Tenía un mes.

Una hazaña para el momento, planificar, construir y preparar un lanzamiento en un mes es algo impensable para los estandares de hoy. Korolev diseñaba sobre los planos del primer Sputnik y apenas los terminaba, pasaban directo a la fábrica. Esta segunda versión sería más grande y llevaría una carga más interesante, un perro.

Una cabina especial, con medidores, un espacio donde cabía un pequeño perro. En experimentos anteriores los soviéticos ya habían intentado lo mismo. Los científicos encargados del proyecto eligieron perros de raza indefinida y callejeros, pues pensaban que si un animal podía sobrevivir en la calle, era porque tenían una resistencia natural a las inclemencias. Raro pensamiento pero así fue como eligieron a tres perros de las calles de Moscú: Albina, Laika y Mukha.

Laika (ladradora en ruso) era la de comportamiento más dócil para permanecer en el pequeño habitáculo que se diseñó. Era un viaje sólo de ida, claro. La tecnología de la época no permitía ningún intento de recuperación. Laika no recibió un entrenamiento especial. Al fin y al cabo, las reducidas dimensiones de su cabina tampoco le permitirían más que ponerse en pie o echarse. Se le implantaron unos electrodos para registrar su respiración y también un sensor de pulso y presión sanguínea en una carótida.

La fecha había llegado, 3 de noviembre de 1957, entre bombos y platillos por la celebración de la revolución, el lanzamiento se realizó. Laika llegó a la estratosfera muy nerviosa, según los aparatos de medición, pero cuando los motores se apagaron se calmó. La vida de la perrita cosmonauta no duró mucho, en órbita los sistemas de refrigeración empezaron a fallar, lo que provocó un súbito aumento en la temperatura de la cabina donde viajaba Laika.

El resto es historia, el nombre de Laika pasó a ser tan conocido como el de Neil Armstrong, el primer hombre en pisar la Luna. Una guerra que se peleó a través de la innovación y de experimentos tas osados como poner en un cohete a una perra o un simio. Para pensar…

Para conocer más recomendamos:
Sputnik, el primer satélite que hizo despegar la carrera espacial entre la URSS y Estados Unidos hace 60 años – Artículo del portal BBC Mundo – 4 de octubre, 2017
1957: La URSS lanza al espacio el Sputnik II con la perrita “Laika” – Artículo del portal E FE Doc: Análisis
Laika, la ‘perra del espacio’ que impulsó la carrera entre Rusia y EE UU – Artículo del portal El País (España) – 3 de noviembre, 2017

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