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TODO BIEN, HASTA QUE LLEGAN LOS EXÁMENES

Frases que escucho a menudo de parte de los estudiantes universitarios: “No sé qué me pasa, no me puedo concentrar”. “Mi mente se queda en blanco”. “No me animo a dar un final”. “Leo y no me queda nada”. “Estudio pero no me presento al examen”. Pero, ¿es la misma situación para todos?

La exposición y evaluación frente al docente es de por sí algo perturbador. Sin embargo, mi experiencia como psicoanalista coordinando el programa Agro Psi, me dice que cada caso es particular. Las situaciones de examen generan ansiedad, bloqueos e inhibiciones que disminuyen el rendimiento académico.

Una cuota de ansiedad estaría dentro de lo esperable, refleja un interés de parte del alumno: el título, el reconocimiento o simplemente la satisfacción personal, entre otras cosas. En tal sentido, el tema de la ansiedad, puede ser tratado de manera grupal e individual en las instituciones educativas. Este abordaje habilita espacios de debate acerca de las formas de estudiar.

Algunos alumnos reconocen que no saben estudiar. Tal vez no se trate de una “mejor manera” o de aumentar el tiempo de estudio, sino de estudiar diferente y encontrar la propia metodología. Para todo lo expresado es fundamental la organización de algunos aspectos:

El tiempo. En la actualidad las actividades desbordan y algo que parecía tan lejano llega: el examen. Destaco la importancia de utilizar una agenda, porque ayuda a descansar la mente y deja lugar al estudio. Esto permite administrar el tiempo y aprovecharlo al máximo.

¿Cuánto tiempo se necesita para preparar un examen? Esta es una pregunta que arroja varias respuestas entre los alumnos. Algunos disponen de un día, diez, quince, dependiendo el caso; pero lo apropiado es asumir un rol activo y empezar con la preparación antes del primer día de clases. Ejemplo: Conseguir el programa, ver bibliografía, organizar las carpetas, etc. De esta forma, la última semana se puede destinar a estudiar y fijar los conocimientos.

El lugar. Una habitación con buena luz, escritorio, sin distracciones. La biblioteca de la Facultad es una buena excusa para además de estudiar, armar lazos. Un bar no es lo recomendado pero a veces es una buena opción al no disponer de un espacio propio.

El material de estudio. El programa de la asignatura es primordial para realizar un mapa mental que organice tanto los contenidos como los objetivos de la materia y así poder conectarse con la temática.

La preparación pudo haber sido satisfactoria, sin embargo, a la hora de rendir el examen se vuelve a poner en juego la ansiedad. Tengamos en cuenta las diferencias que existen entre un examen oral y uno escrito. En ambos casos es necesario tomarse un tiempo para entender las consignas. Específicamente en el examen escrito es indispensable organizar el contenido y distribuir el tiempo destinado a cada respuesta.

Estas consideraciones ayudan a reducir el nivel de ansiedad y el estudiante se siente seguro, motivado y puede concentrarse. También es primordial armar un lazo de pertenencia con la Facultad, crear vínculos, y dar sentido a lo que se estudia.

Llegado a este punto y si aún así persiste la dificultad (o si el motivo que la produce es detectado de entrada) y excede el espacio académico, propongo iluminar otras cuestiones subjetivas como: valores heredados, exigencias de ideales, marcas del pasado, etc, en lugar de forzar la situación intentando dar aún más herramientas. El límite entre los diferentes estados de ansiedad ante los exámenes es muy fino, por eso es interesante escuchar que le pasa a cada estudiante y a veces la derivación a espacios terapéuticos es la mejor opción.

 

Por: Por Verónica Ramoas. Licenciada en Psicología a cargo del Programa Agro Psi de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires.

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